Y no alcanzamos la meta

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Nuevamente este año fuimos testigos de la Caravana del Zorro, la que, entre emoción y devoción, en esta oportunidad tenía un elemento agregado, que debería llegar por la cantidad de motoristas al Récord Guinness,  en su 54 recorrido, y de este modo dejar en la historia un recordatorio.

Lo anterior no se logró,  no por falta de motoristas, sino por no cumplir con los detalles que se requiere cuando uno forma parte de la caravana, y como la Prensa reportó en su momento, algunos de ellos no llevaban pañuelo verde, o bien, no tenían el casco reglamentario, y también algunos violaron las reglas llevando niños, o bien viajando tres en una moto.

Si bien tenían más de 20 mil participantes, cuando estos fueron obligados a transitar en un tramo de 12 kilómetros para poder contabilizar a los asistentes que calificaban, no se cubrió el monto requerido.

Uno piensa y concluye que sabemos las reglas, tenemos presentes los requisitos, pero de todos modos vivimos ignorándolos y,  por lo mismo, se nos pasa la factura.

Somos penalizados, y todavía muchas veces nos preguntamos  por qué nos pasa lo que nos pasa. La Caravana del Zorro nos ilustra lo que hacemos con nuestra salud, o bien,  con nuestra economía y algunas prácticas en nuestras relaciones interpersonales,  y tenemos el descaro de molestarnos y también reclamar cuando no podemos lograr el cometido.

Deberíamos de alguna manera integrar en nuestro sistema y procedimientos que no es la habilidad de encubrir lo que violamos de las reglas, sino cuán responsables somos en cumplir con los detalles de las normativas, no porque nos estarán fiscalizando,  sino porque es nuestro modo de ser y hacer.

Nosotros no somos lo que los observadores determinan, sino somos lo que nos hemos propuesto ser, entendiendo que esto tiene normas, reglas y requisitos, y los cumplimos como autogratificación y no para evitar penalización.

Aunque fuera de muy malísimo gusto, conviene hacer una lista de las cosas que no hemos alcanzado simplemente por no haber observado,  o bien cumplido con el más mínimo requisito.

No nos cuesta entender que en un aparato un solo tornillo que le falte  no se puede esperar que esté funcionando a la perfección, pero pensamos que nosotros podemos lograr nuestras funciones o cometidos aunque no estemos cumpliendo con cada detalle que esta función requiere.

Este concepto no se puede decir que es mal de muchos. En el caso de la Caravana del Zorro, motorista por motorista, como individuo, fue contabilizado para llegar a la sumatoria y arrojar el resultado  que afectó al reconocimiento.

Debo personalmente entender y recordarme  qué  es lo que hago como individuo y no ver cómo lo hacen otros. Aceptemos que cada uno de nosotros respiramos para beneficio propio y no para hacer el favor a terceros. Exactamente igual es el cumplimiento de normas.

El legado que dejamos como individuos o sociedad debería ser libre de vicios en la aplicación de normas para ser valorados. Esto es para empezar hoy y de forma individual, sin esperar ser aplaudidos por ello.

samuel.berberian@gmail.com

ESCRITO POR:

Samuel Berberián

Doctor en Religiones de la Newport University, California. Fundador del Instituto Federico Crowe. Presidente de Fundación Doulos. Fue decano de la Facultad de Teología de las universidades Mariano Gálvez y Panamericana.