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28/03/13 - 00:00 Opinión

PERSPECTIVAS

Signos alentadores

Por primera ocasión en nuestra amarga, compleja y controversial historia política, víctimas del conflicto son escuchadas en un juicio. Uno a uno los testigos pasan al estrado, describen lo que vieron, sintieron y aún les condiciona sus vidas. Por el otro, familiares de exmilitares manifiestan públicamente, y solicitan que la justicia juegue de su lado, apelando a los mecanismos institucionales. Dos imágenes inéditas. Ambos con similares reclamos. Los primeros han venido reclamando lo mismo por décadas, incluso centurias.

RENZO LAUTARO ROSAL

Los otros demandan por la vigencia de instrumentos que siempre violentaron (estado de Derecho, juicio justo, ser escuchados, derecho de defensa).

Se trata de dos luchas, aparentemente entrecruzadas, que ahora tienen objetivos distintos. Las víctimas logran su objetivo al exponer las crueldades a las que fueron sometidos. Para ellos todo lo demás es ganancia, o quizás está por fuera. Lo que interesa es el proceso. Ambas imágenes son positivas para nuestra sociedad, signos de esperanza y expresiones de ciudadanía.

Que se hayan desbaratado, desde el primer debate, las tácticas de la defensa llevadas al descaro y a la prepotencia, también es otro signo alentador. Que esas manifestaciones de cinismo sean llevadas al plano mediático es positivo, para que se expongan e incluso desfilen ante nuestros ojos los actores que participan de los aquelarres.

Significa que las cosas en materia de administración de justicia pueden ser distintas; las instituciones pueden soportar embates, aunque ese capítulo no se ha librado del todo. Recusaciones por doquier, al igual que posibles acciones de amparo a la hora de la resolución final.

Personas y organizaciones cercanas a ambas posiciones aseguran que esa decisión ya está elaborada. Lo único que está pendiente es si será por genocidio o por delitos de lesa humanidad. Esos supuestos no le ayudan en nada a la certidumbre del proceso. Regar dudas implica restar margen de maniobra a la justicia. Ambas opciones tienen un doble mensaje. Para los puristas, los que apelan al qué dirán, cualquiera de ellas es negativa. Guatemala aparecería como país genocida, que restaría margen a las posibilidades de desarrollo, se comprometería el futuro. Eso sería un golpe fuerte, sin duda alguna.

Por el contrario, otros estiman que el juzgamiento implica una real posibilidad para pensar en un futuro distinto como sociedad. Dos escenarios, ambos delicados, ambos polarizantes en el corto plazo, ambos dialécticos. En la medida en que no se prepare el terreno de las consecuencias, se privilegia los imaginarios negativos.

A la vuelta de la Semana Santa se espera el incremento de las acciones de obstrucción para contrarrestar la funcionalidad de la justicia. Ojalá tuviésemos un escenario donde las acusaciones fueran rebatidas con argumentos, y con los artilugios saboteadores. Será esencial pasar del estado actual, que se resume en asombro e incertidumbre, al plano de las certezas. El proceso es una apuesta por la democracia, siempre que se le deje desarrollar.

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