Opinión

Sinibaldi enfrenta situación muy seria

La crisis que significa para el gobierno patriotista la mención del presidente Otto Pérez en la agenda personal de un empresario brasileño en prisión preventiva por señalamientos de corrupción tiene un protagonista directo: Alejandro Sinibaldi, que desempeñó el cargo de ministro de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda y a quien el mandatario guatemalteco acompañó en numerosas giras por el país, como parte de su larga y anticipada campaña electoral, luego ratificada públicamente por la vicepresidenta Roxana Baldetti.

Por EDITORIAL

La pregunta fundamental que debe ser respondida es simple: cuál es la razón por la que los nombres de esos dos altos funcionarios guatemaltecos aparecen en el documento recogido por las autoridades brasileñas, según el cual habría veinte pagos de cincuenta mil dólares cada uno, es decir, de un millón, supuestamente para la campaña del aspirante. Este hecho fue indirectamente admitido por la vicepresidenta con su comentario de que era “bueno” que la empresa estatal Petrobras pudiera hacer una contribución a su partido.

Ciertamente, el candidato rechazó haber recibido ese dinero, pero luego, entre las revelaciones, se encuentra la coincidencia de fechas entre las manifestaciones de apoyo presidencial a un contrato con la mencionada empresa de Brasil. Por ello es posible señalar con claridad que se trata de una crisis cuyos efectos no se pueden predecir en su totalidad, pero que obviamente existirán y causarán problemas en las próximas elecciones. No ocurrirá de esa manera solamente si de nuevo se manifiesta la alianza entre el oficialismo y el grupo político liderista.

Sin embargo, la posibilidad se mantiene porque hay otros partidos que utilizarán ese hecho como parte de los ataques políticos que ocurrirán en una lucha electoral muy dura y que seguramente no estará exenta de golpes bajos. El partido oficial se encuentra, de hecho, dividido en cuanto a la factibilidad del triunfo del exministro, y es una realidad que las fisuras internas en el tema de la escogencia del candidato aún no se han cerrado del todo y, lejos de ello, permanecen.

Hasta ahora, la reacción oficial ha sido equivocada, a juicio nuestro, porque se ha limitado a negarlo todo o a permanecer en silencio, lo cual evidencia que se espera un olvido de los ciudadanos, como consecuencia de estar ocurriendo esto en la época navideña, cuando el interés popular se dirige a los asuntos relacionados con las fiestas. Pero quienes no van a olvidarlo son los adversarios políticos, y por ello puede ser que no desaparezca el riesgo de debilitar una candidatura que podría sufrir un descenso de popularidad, solo medible por medio de encuestas muy profesionales de opinión pública.

Este tipo de crisis deben también ser analizadas desde la perspectiva de la imagen del país, del Gobierno, del partido y del propio precandidato, quien necesita un grupo asesor responsable y, sobre todo, escuchar su propia voz interna. De lo contrario, deberá acostumbrarse a la idea de que la principal fuente de descalificaciones será esta, y recordar que, en política y en propaganda, una afirmación repetida mil veces puede convertirse en verdad.