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25/11/12 - 00:00 Opinión

Si me permite

Sismos que descubren la verdad

 “En el engranaje del Cuerpo Místico eres un tornillo pequeño, pero necesario. Por tu culpa se pueden estropear piezas importantes y quizá toda la maquinaria. No lo olvides, en la hora de la prueba muchas piezas dependen de ti”. J. H. B. Garrastegui.

SAMUEL BERBERIáN


Este 7 de noviembre cuando la tierra nos recordó cuán frágiles somos, aparte de dejar dolor en muchos que perdieron seres queridos, también nos hizo ver aquellos inmuebles que, por un lado, su trabajo aparentaba estar bien hecho, siempre y cuando la naturaleza no los hubiera puesto a prueba la calidad y la seguridad de la construcción. Porque hoy son testimonio de una realidad triste de una construcción que no responde a la necesidad de este territorio, que es de terremoto, y la elaboración del trabajo de construcción debe hacerse acorde a la realidad, no importando cuán económico se pide hacer.

Por otra parte, la realidad es que tenemos construcciones que acumulan historia y se les considera como sitios de patrimonio cultural, pero requiere cuidado, mantenimiento y conservación para que a la hora de los temblores no sean tumbas de gente inocente que nada tiene que ver en el que hacer de la historia. Claro que necesitamos sitios, edificios y lugares que nos recuerden nuestro pasado como puntos de referencia, para ello evaluemos si resisten la adversidad sísmica.

Lamentablemente en la cultura que tenemos hay una combinación peligrosa de hacer lo más elegante y seguro pero con el mínimo del costo. Así tenemos construcciones que para días como el 7 de noviembre no resisten a nuestra manera de hacer las cosas. Alguna vez se le pregunta a la gente si no es peligrosa la construcción que hace, por vivir en un lugar sísmico, y normalmente la respuesta es de extrañeza, por la preocupación que uno expresa en casos como estos, porque no se pensó en eso.

Debemos estar conscientes de que las cosas que tenemos o bien construimos no solo son para hoy, y para nuestra necesidad presente, sino posiblemente cuando mañana nosotros no estamos aquí otros pueden recibir la bendición de estar allí con seguridad y protección, y no con el riesgo de los daños, por no haber sido más previsores conociendo la realidad de nuestro territorio, que se repite.

Posiblemente somos de los que creemos que porque hemos vivido un terremoto y hemos visto los daños devastadores ya estamos preparados para un próximo terremoto. Lamento decirle que no es así. No tenemos ni la mentalidad de prevenir ni mucho menos de seguir instrucciones, y entonces los daños son mayores y las tragedias más devastadoras.

Tanto mayores como niños difícilmente nos comportamos preventivamente, a pesar de saber el riesgo de un terremoto. Por leve que sea, no avisa y nunca se puede anticipar, por ello debemos vivir preparados para no tener que lamentar. Por poner un ejemplo, las salidas de nuestras casas o los pasillos que usamos en nuestras viviendas están rodeados con grandes plantas que adornan el entorno, pero obstruyen el paso en una emergencia, por ello no debemos extrañarnos que el día de una eventualidad sean el obstáculo que nos atrapará y no podremos salir con facilidad.

Les invito para que como individuos y como sociedad seamos aquellos que nos dejamos orientar e instruir para no solo estemos preparados, sino también listos a socorrer a otros en momentos como esos, porque nosotros sabemos lo que debemos hacer.

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