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29/01/13 - 00:00 Opinión

REGISTRO AKÁSICO

Socialismo real

Durante el período final de la Guerra Fría tuvo lugar un debate en la República Democrática Alemana. Uno de los principales exponentes fue Rudolf Bahro, con su libro La alternativa, donde reclamaba democracia para conseguir mayor progreso industrial e integración armónica con la naturaleza, sin modificar la propiedad de las fábricas. La respuesta fue cárcel y exilio. La clase dominante en los estados socialistas, en especial, en la URSS, consiguió impedir cualquier reforma que no fuera en su beneficio. Lo que sigue es historia:

ANTONIO MOSQUERA AGUILAR

primero se desarticuló a los países socialistas de Europa del Este, luego la disolución de la URSS.

La derecha festejó como propio el triunfo de la reacción interna de los países socialistas. De esa cuenta resultó la afirmación de que no podía realizarse ninguna obra, producto o servicio desde el Estado, pues atentaba contra el funcionamiento “natural” a través de una empresa monopólica privada. Esta posición es conocida como neoliberal y traduce los intereses de las grandes corporaciones internacionales con su expresión ideológica conocida como “consenso de Washington”.

No obstante, el socialismo responde a una manera de conseguir control sobre la producción. No es una perversión egoísta ni un artificio ideológico. Responde a una necesidad histórica de desarrollo productivo y de reconciliación del trabajador moderno con la organización compleja industrial. Busca ampliar la base productiva, controlar la ganancia abusiva de los empresarios y fomentar una cultura de cooperación y amistad entre la población.

Por ello, no sorprende que dado el nivel de represión existente en el país, le quepa al Ejército de Guatemala impulsar una industria nacional estatal. La empresa, Industria Militar, no es ni deficitaria ni mal administrada. Se trata de un ejemplo de trabajo honrado y esfuerzo para dotar al país de bienes que de otra manera tendrían que importarse de los países asiáticos, con el consiguiente desempleo local y corrupción en aduanas. La tasa de ganancia es modesta, pues se sitúa en el 5% anual, pero a cambio surte de bienes de calidad a la PNC, agentes penitenciarios, guardabosques y, obviamente, soldados.

Sin embargo, no falta la inquina y la maledicencia, que deja resbalar la sospecha y llama a la represión de cualquier iniciativa democrática. A raíz de que la Industria Militar ha ampliado su acción mercantil a los ministerios de Gobernación, así como de Cultura y Deportes, una diputada como la furia Alecto, la de la ira incesante, busca terminar el emprendimiento. Mientras la corriente histórica impone el socialismo, la reacción llama al retroceso. Quizás, a la vista de la comandancia, este experimento ya terminó. Puede promoverse la narcoactividad, pero no las empresas sociales. No obstante, al final, nadie podrá detener a los trabajadores guatemaltecos en su empeño de conseguir procesos industriales que beneficien a la sociedad en su conjunto y no solo a unos pocos capitalistas y sus epígonos.

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