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05/03/13 - 00:00 Opinión

HOMO ECONOMICUS

¡Soluciones hay!

La situación de la niñez guatemalteca es cada día más preocupante. La noticia de un menor que ejecutó a sangre fría a un taxista fue la gota que derramó el vaso del escándalo ante la opinión pública. Es hora de que las autoridades decidan si van a continuar siendo parte del problema o de la solución. En gran entrevista de prensa, representantes de Unicef y de la Procuraduría General de la Nación (PGN) demandaron que se reduzca la “vulnerabilidad” de los menores. Sería bueno que ellos y otras instancias oficiales hablaran menos y contribuyeran más a lograrlo.

JOSé RAúL GONZáLEZ MERLO

Específicamente, su política hacia la prohibición, de hecho, de las adopciones internacionales y la burocratización al máximo posible de las adopciones nacionales mantiene viva la oferta potencial de “niños sicarios”. Y, si no terminan como tales, las noticias también nos muestran el drama de decenas de bebés que han sido abandonados en calles de todo el país para luego ser encontrados muertos.

Esas fueron las consecuencias no intencionadas que tratamos de prevenir hace más de cinco años, cuando advertimos de los graves errores que contenía la nueva ley de adopciones. Pero prevaleció la cruel opinión de burócratas nacionales e internacionales y el resultado es tener cinco mil adopciones menos por año. El drama es aún peor cuando uno se da cuenta de que hay matrimonios en el extranjero dispuestos a tomar a esos niños y ofrecerles el amor de una familia ¡inmediatamente! Que lo único que los separa de terminar ya sea muertos, delinquiendo desde una mara o, por el contrario, en un hogar estable, es una mal concebida ley de adopciones cuyos resultados prácticos es condenarlos a cualquiera de las primeras dos opciones. ¡Qué hipócrita ese doble discurso de decirse preocupado por el destino de la niñez y, a la vez, preservar esta nefasta ley de adopciones!

Urge que el presidente proponga cambios a la ley que permitan que los procesos de adopciones nacionales e internacionales sean resueltos en menos de seis meses. Contrario a lo que se cree, los niños no están abandonados, hay familias que los quieren. Llora sangre que la ley retrase e impida reunir a un huérfano con su familia adoptiva. Agilizar las adopciones es la forma más rápida y eficiente de implementar una solución parcial, pero altamente efectiva en cambiar, para bien, la vida de los desamparados. Al ritmo que van, los menores cumplirán la mayoría de edad antes de poder gozar de una familia.

Obviamente, permitir un proceso ágil de adopciones no pretende terminar con el problema de la delincuencia infantil. Pero es nuestra obligación moral contribuir a dar soluciones viables y realistas a un problema complejo. Si seguimos como estamos, estaremos preservando una situación aberrante que contribuye a que los niños más necesitados sean condenados a la muerte o la delincuencia. Así que soluciones inmediatas hay. Falta ver si existe la voluntad política de implementarlas o si solamente hay una burocracia que habla mucho, cobra su sueldo puntualmente, pero no logra nada en favor de los niños.

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