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25/07/04 - 00:00 Opinión

TIEMPO Y DESTINO
Obra musical en honor de los cadetes de 1954

¿Cuánto saben los cadetes de hoy, del levantamiento armado de su Compañía, hace medio siglo?

POR: LUIS MORALES CHúA

Están circulando invitaciones para asistir al estreno de la elegía sinfónica titulada Los héroes tienen quince años, cuyo autor es el maestro Jorge Álvaro Sarmientos, sin duda alguna el músico guatemalteco contemporáneo de mayor rango en la estimación mundial.

Sarmientos mismo es un héroe del civismo guatemalteco que en momentos aciagos, cuando fueron asesinados cuatro estudiantes universitarios por el Gobierno del general Miguel Ydígoras Fuentes, tuvo el gesto patriótico de devolver la Orden del Quetzal, que le había sido otorgada en reconocimiento a sus méritos como compositor e intérprete.

Esa actitud me recuerda un poco a Federico Chopin, inmortal compositor y pianista polaco, que se levantó airado cuando ingresaron, a la sala donde ofrecía un concierto, varios militares rusos, y dirigiéndose a la audiencia, el concertista gritó: —“¡Yo no toco para los carniceros del zar!”—

Era una protesta del artista contra la opresión que la Rusia zarista ejercía sobre Polonia. Y lo hizo a riesgo de su propia existencia.

Sarmientos hizo algo parecido en momentos en que la libertad de Guatemala principiaba a eclipsarse.

Subido en un panteón del Cementerio General cuando los universitarios eran enterrados, pronunció un fogoso discurso y anunció que devolvería la más alta distinción nacional, como se le llama.

El título de la elegía sinfónica ha sido tomado del libro escrito por Carlos Enrique Wer, en el cual narra el levantamiento armado de la Compañía de Caballeros Cadetes contra el ejército liberacionista que acampaba en terrenos del hospital Roosevelt, después de haber entrado triunfante, un días antes, a la ciudad capital, tras el derrocamiento de Árbenz.

El concierto de Sarmientos es organizado por la Facultad de Ciencias Económicas, de la Universidad de San Carlos, como parte de las celebraciones del 67 aniversario de fundación de esa casa de estudios. En la invitación se asigna a los cadetes “haber rescatado el honor y la dignidad nacionales”.

El 2 de agosto es el Día de la Dignidad de Guatemala, según el texto del decreto legislativo 134-97, emitido para honrar a los alzados. Posteriormente el presidente de la República, Ramiro de León Carpio, concedió póstumamente la Orden del Quetzal a los tres cadetes que perecieron en el combate: Jorge Luis Araneda Castillo, Luis Antonio Boches, Carlos Enrique Hurtarte, y al soldado Lázaro Yucuté.

Araneda era el abanderado de la Escuela Politécnica y en la citada academia militar el abanderado constituye una figura respetada y respetable, fama que, a veces, no muere.

Por eso, en las conmemoraciones anuales, es su nombre el que más resuena y en torno a él se tejen leyendas, como la relacionada con las espadas que poseía.

Una, se dice, fue entregada a un familiar del periodista Clemente Marroquín Rojas. Otra está en poder del ingeniero José Gilberto Araneda Castillo, hermano del abanderado; ésta había sido colocada sobre el ataúd y antes de la inhumación fue retirada por los familiares.

Se le atribuye haber dicho —cuando se aprestaba a la lucha armada—: “Si la Compañía se alza en armas, con ella va la bandera, y si la bandera va, también va el abanderado”.

El episodio antiliberacionista cumple estos días medio siglo. A ello se debe que la conmemoración tenga un mayor revuelo.

La participación de Sarmientos pone un toque de arte inusitado. Es el estreno mundial de una composición que perdurará por siempre.

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