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Opinión

LA ERA DEL FAUNO

¿Tambores de guerra?

Nada codician tanto las potencias mundiales como controlar la web, porque puede derribar absolutismos y fundar nuevos. El Gobierno de Estados Unidos es el más empeñado en conseguirlo. Su jugada es parecida a lo que viene haciendo desde hace tiempo en el planeta: califica de facineroso a su objetivo, le aplica una ley de persecución internacional, captura o mata al jefe de la banda y finalmente vuelve a casa con el botín. Como en las películas, son derrotados los caníbales que querían hacer consomé a unos educados arqueólogos.

Juan Carlos Lemus

POR JUAN CARLOS LEMUS

Su intento de apropiación ilícita incluye una estrategia verbal que consiste en lanzar términos que se insertan —cuales virus o moscas— en los comentarios siempre que se toca el tema. Su comunicado al mundo navega con las claves “piratería”, “propiedad intelectual”, “derechos”, “millonarias pérdidas” y “robo”, por ejemplo.

De esa manera, logra que se opine dentro de ciertos renglones, así se esté a favor o en contra. Es como cuando en un taller de microrrelatos nos decían: “Escriban una historia novedosa, en tres líneas, con las palabras “mono”, “banana”, “sexo” y “mona”.

Las claves logran que la mayoría diga que los gringos “impulsan las leyes Pipa y Sopa contra la piratería”, y no la verdad simple, que quieren controlar la web porque ellos mismos probaron su poder político en los países árabes. Y como la mente toma partido en favor de lo que las palabras señalan como justo, entonces deduce que si hay piratas en el mar, lo correcto es hundirlos.

Cuando ordenaron a Nueva Zelanda que capturara a Kim Schmitz, dueño de Megaupload, lo describieron como un pervertido megalómano, lo cual no tiene nada que ver con el argumento de su detención. Lo que jamás lograrían sería que luciera tan criminal como en realidad lo es el juez de Texas William Adams, quien es visto en un video de Youtube cinchaceando salvajemente a su hija porque descargó música de la web; y nunca lo condenaron. Esa es la integridad del United States Department of Justice.

Aunque las propuestas de ley fueron congeladas, el cierre de Megaupload hizo que reapareciera el antihéroe Anonymus, un grupo de hackers que ha obstaculizando el servicio de internet a autoridades judiciales suecas, al FBI, a compañías británicas y empresas como MasterCard y Visa, entre otros sitios.

Anonymus ofreció que hoy 28 provocaría apagones a gran escala. Pero a carne humana huele aquí, como diría el monstruo. Gracias al caos, el Gobierno de Estados Unidos podría legitimar su programa de espionaje y cerrar páginas que atenten contra sus intereses, con el pretexto de que persigue a enmascarados.

Desde hace un año, en el mundo se viene capturando a “cúpulas” de Anonymus, las cuales no existen porque es un movimiento sin estructura piramidal, que puede estar formada por millones de hackers. Y parece un chiste, pero la prensa mexicana dice que Anonymus amenaza con revelar nombres y direcciones de los Zetas. Esa me suena a una ocurrencia estatal propagada para que las personas pongan sus esperanzas en un encapuchado en vez de su gobierno.

Algunos llaman a este pleito World War Web. No es tal, en realidad, es el asomo de los primeros corsarios procedentes de Washington DC.


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