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Prensa Libre

29/11/12 - 00:00 Opinión

PERSISTENCIA

Tasso hoy y siempre

Tasso Hadjidodou no ha muerto. Simplemente ha cambiado de morada. Ahora yace en la morada de los inmortales. Mientras estaba entre nosotros, desde 1949 se entregó en cuerpo y alma a Guatemala. Con razón en elPeriódico del día domingo 25 de noviembre, se dice que es un personaje emblemático de nuestra cultura. Tenía 91 años, de los cuales vivió 63 a nuestro lado. Desde el momento en que conocía a alguien, le ponía atención y le platicaba como si fuera un amigo de siempre. Por su carisma me parece que en 1999 o el 2000

MARGARITA CARRERA

se dispuso declararlo patrimonio guatemalteco. Sus amigas dispusieron mandarse a hacer unas playeras que llevaban su fotografía. La embajadora de Suecia le invitó a él y a sus amistades a conversar y tomar el té.

Ni bien lo veía en alguna reunión, me sentaba a su lado. Me deleitaba cuanto decía por su ingenio y fina ironía. También por sus relatos sobre su vida o la de sus amigos y amigas. Una vez, Manuel José Arce, que yace con él en el más allá, escribió que era tan guatemalteco como el tamal del sábado por la noche.

Mejor que muchos de sus conocidos se refería a temas de la realidad nacional, pero no para herir a nadie. Anécdotas interesantes. A veces, con doble sentido amigable. Nunca llegaron a mis oídos críticas sobre su persona. Para mí que todo el mundo lo quería, sin importar su condición física o social. Sobre él se ha escrito y ahora se escribirá más. Su silencio, si no era de oro, era de plata. Jamás lo vi deprimido, siempre estaba de buen ánimo. Como una divinidad, estaba en todas partes, en cuanto a recepciones. Hace más de medio siglo se vino a vivir al lado de su madre y de su esposa. Últimamente tenía su columna semanal en Prensa Libre.

Infatigable promotor cultural, acudía a cuanta festividad se realizaba. Pero se cuidaba de no estar en primera fila, sino un poco escondido.

Cuando yo aún trabajaba en el Consejo Cultural de la Municipalidad de Guatemala, me atreví a proponerlo como “Vecino Distinguido”; en tal ocasión el séptimo nivel de la Municipalidad se llenó de gente. Diplomáticos, escritores, intelectuales, amigos, la gente ya no cabía. Mientras estuvo viva, fue muy amigo de Irina Darlée. También a ella se le otorgó tal homenaje y a mí me tocó hacer su exaltación. Entonces la comparé con Tasso, así de conocida por todo el mundo.

La personalidad de Tasso conquistaba, lo mismo que su ironía y gran sentido del humor. ¿Quién no conoció a Tasso? Su presencia física era grata en los diversos homenajes, a los cuales asistía.

Jamás se quejó de nada ni de nadie. Discreto, como buen diplomático.

Tasso Hadjidodou Mouchatoris nació en Roncur, provincia de Lieja, Bélgica, de padres griegos, el 9 de julio de 1921. Durante su infancia, el parque le acompañó siempre. Ahí dio sus primeros pasos, así como su entrada, por primera vez, en un museo cuando tenía 7 años. Su idioma materno fue el griego. Su nombre significa “resucitado” y su apellido, “peregrino de dientes blancos”. Sin embargo aprendió francés y flamenco en el área francófona de su país. Lo mismo que inglés y alemán, italiano, portugués, griego antiguo, español y k’iché. Cuando llegó a Guatemala no sabía español, pero lo aprendió rápidamente en forma autodidacta, con base en lectura y conversación.

Su nombre impronunciable por estos lares se redujo a Tasso.

Fue asesor y consultor por más de tres décadas de la Embajada de Francia. Max Araujo dice que fomentó becas, creó festivales y certámenes. Entre estos, los “Juegos Florales Hispanoamericanos” en Quetzaltenango. Figuró entre los creadores del Festival del “Centro Histórico”.

Entre los reconocimientos que recibió figuran, en el 2000, la Condecoración Emeritissimun de la Universidad de San Carlos, por ser “guatemalteco” ilustre. En el 2004, el Congreso de la República le otorgó la Orden del Quetzal en Grado de Gran Cruz.

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