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06/02/13 - 00:00 Opinión

CON NOMBRE PROPIO

¿Toleramos al ladrón?

Todos los días se habla de corrupción. El problema es sistémico, nuestra vicepresidenta dice que es un monstruo de mil cabezas, el MP afirma que es difícil armar casos, la Contraloría llora que no tiene recursos y, por último, la ciudadanía paga las consecuencias. La corrupción es el peor de los impuestos, pero nosotros mismos toleramos y vivimos junto al descaro. En España, por ejemplo, el presidente Rajoy es señalado de cobrar doblete, de su propio partido, y la indignación es tal que no sería raro que terminara con su renuncia,

ALEJANDRO BALSELLS CONDE

justo antier se fue al cobijo de la canciller alemana para darse un poco de lustre y dejar de ser “víctima de un orquestado esfuerzo de la oposición para hacerle daño a su gobierno”. Los españoles no quieren saber nada del PP, pero tampoco pretenden apoyar al PSOE, que su buena cuota de ladrones ha aportado.

El doblete de Rajoy no le llega ni al carcañal a los abusos de Fonapaz. Todos aplaudimos la decisión del presidente Pérez para cerrarlo, pero no entendemos cómo el funesto director del Fondo sigue dando órdenes.

Nuestro régimen permite la corrupción, porque la aguantamos. No es asunto del Patriota ni de la UNE ni de la Gana y etc. Nuestra sociedad aguanta al ladrón y no sería raro que hasta lo viera “como alguien próspero”. De hecho, en ocasiones hemos elegido ladrones comprobados y para ello basta ver la lista de alcaldes electos hace un año.

Nadie puede negar la sabiduría popular: “En arca abierta hasta el justo roba”. Si no se hacen esfuerzos estructurales para cerrar el cofre, de seguro seguiremos con ladronotes y lo que cambiaremos son los colores del partido de turno. En cada gobierno salen nuevos millonarios, así que o de veras rechazamos las prácticas de corrupción o no nos quejemos en la sala con los amigos o en la mesa frente a los hijos.

Combatir la corrupción no se logra con reformas desordenadas al Código Penal, como sucedió con la Ley Anticorrupción. Tres nuevas normas debe aprobar el Congreso con el objeto de no hacerle más daño al país: la primera, la nueva Ley de Servicio Civil, la actual fue promulgada por Julio César Méndez Montenegro y ya mero cumple 45 años. Es estructural y el que diga lo contrario es porque mama del relajo que hay en la contratación de los servidores públicos; la segunda, más controles al financiamiento a los partidos políticos. Son cuentos chinos si nos dicen que no es allí la principal fuente de corrupción. Por último, urge la ley del Fideicomiso Público. Los fideicomisos han sido perversos para la administración de los dineros públicos y allí hay responsabilidad, hasta el cuello, de algunos bancos privados.

Por último, desde el Ejecutivo, si lo que pretende es dar el ejemplo, que erradique la contratación discrecional y empiece con las licitaciones. Llevamos varios gobiernos en donde los procesos reglados en la Ley de Contrataciones no son más que estampas del recuerdo, y esto es solo decisión.

Ahora bien, todo esfuerzo será vacío si usted no rechaza al corrupto y al ladrón.

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