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16/12/12 - 00:00 Opinión

Tiempo y destino

Vieja y repetitiva tomadura de pelo

En mi larga vida de periodista jamás vi, en el denso fárrago de noticias internacionalmente publicadas, tantas informaciones acerca de un tema maya, como estos días cuando se habla hasta por los codos de los sabios precolombinos de Guatemala, atribuyéndoles falsamente una “profecía” según la cual el fin del mundo se producirá el 21 de este diciembre.

LUIS MORALES CHúA


No es cierto. Los mayas no han hecho semejante vaticinio apocalíptico. Pues, miren: hasta en la República Popular China los mayas se han hecho populares estos días. Cuatro muchachos fueron condenados a 10 días de arresto administrativo por propalar por las calles, mediante megáfonos, la noticia de que el mundo se acabaría este 21 de diciembre. La información periodística añade: “Las supersticiones basadas en interpretaciones del calendario maya se han propalado ampliamente en China y son muchos los ciudadanos que se han preparado para el que creen será el último día de su vida”.

La confusión se origina en la celebración del 13 b’aktún, fecha en el calendario maya según el cual este 21 de diciembre se cumplen 5,200 años de la era del maíz.

El Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala se ha encargado de colocar las cosas en su lugar al publicar que “el curso del tiempo ha sido estudiado y registrado por nuestros antepasados mayas. Su concepción del tiempo es cíclica e infinita. El calendario es vigesimal: veinte días es un winaq, un mes; 260 días son un año tun; 20 años un katún; y 400 años un b’aktún y estos constituyen una era de tiempo. El 21 de diciembre estaremos finalizando la cuarta era, a partir de la cuarta celebración del hombre de maíz. Guatemala es el corazón de esta gran civilización maya y este 2012 justo el 21 de diciembre seremos testigos del inicio de la nueva era. La civilización maya conoció este acontecimiento y lo dejó manifiesto en sus escritos y monumentos históricos. Los mayas actuales también lo reflejan en su vida cotidiana y lo comparten con el mundo, como un importante aporte para mejorar la calidad de vida, una vida equilibrada y en armonía, tanto entre seres humanos como con la naturaleza y el universo. El 13 b’aktún, por lo tanto, ofrece una oportunidad de profundos cambios para la humanidad, una oportunidad para llegar a un nuevo amanecer”.

Es bienvenida esa explicación, aunque pudo ser mejor. Sin embargo, es suficiente para entender que el 13 b’aktún no debe ser ligado al clamor de los que asustan a miles de personas con la afirmación escandalosa y sin base de que el fin del mundo ocurrirá esta semana.

La mención de los mayas en otros países viene de tiempo atrás. Un comentario fechado en Moscú, el 4 de octubre de 2010, indica que la comunidad científica de Rusia no cree en el fin del mundo. “Los medios de prensa —añade la citada información—, que gustan citar a los comentaristas del antiguo calendario maya, informan de modo regular sobre las catástrofes que ocurrirán en la Tierra para 2012. Una de las mayores para ese período es el llamado ‘desfile de los planetas’, durante el cual Saturno, Júpiter, Marte y la Tierra formarán visualmente una sola línea y ese hecho podría tener consecuencias catastróficas para la civilización humana”.

Pero eso no tiene base científica. Todo lo que puede pasar, según el Instituto Ruso de Magnetismo Terrestre, Ionosfera y Difusión de Ondas de Radio, es que ese fenómeno “se manifieste en perturbaciones atmosféricas, desperfectos en aparatos espaciales y afecte a los cosmonautas de la Estación Espacial Internacional”.

Lo peor de todo es que algunos pronosticadores del cataclismo dicen que el fin del mundo ocurrirá cuando Jesús retorne a la Tierra para juzgar a los vivos y a los muertos, y repiten eso de “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad”. Conclusión. Es una vieja tomadura de pelo. Si el fin del mundo llega algún día, habrá que esperar más de mil millones de años. Mientras tanto, nadie debe preocuparse. Hay que seguir gozando de la vida. Sanamente. Dulcemente. Y con medida.

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