Opinión

Viles amenazas a Nineth Montenegro

En su calidad de personaje de primer orden en la política nacional, la diputada Nineth Montenegro, del partido Encuentro por Guatemala, tiene seguidores y personas que no están de acuerdo con sus planteamientos.

EDITORIAL

En su calidad de personaje de primer orden en la política nacional, la diputada Nineth Montenegro, del partido Encuentro por Guatemala, tiene seguidores y personas que no están de acuerdo con sus planteamientos. Pero en este momento recibe el apoyo de la generalidad del país, como una muestra de rechazo a las amenazas de muerte contra ella y su familia que le fueron informadas oficialmente el jueves pasado, por Carlos Menocal, ministro de Gobernación, y Carlos Castresana, jefe de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala. La información le fue transmitida por la parlamentaria a la Secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, durante su breve visita a Guatemala, el viernes pasado, y por esa causa la fotografía de ambas publicada ayer constituye una evidente muestra de apoyo y de simpatía a quien se ha convertido en una  figura descollante del Congreso.
La información, hecha pública ayer, indica que tanto Menocal como Castresana le sugirieron salir del país, oferta que declinó al asegurar que desea permanecer en Guatemala. Y es obvio que desee hacerlo, con el objetivo de continuar con su tarea de principal fiscalizadora de las actividades gubernativas, en especial del controversial programa Mi Familia Progresa, una de las fuentes de más justificadas críticas al Gobierno, a causa de su actitud de no acatar las órdenes judiciales respecto de dar información completa acerca de los dineros empleados.
Las amenazas anónimas contra personas que cumplen con su tarea constituyen una prueba de cobardía, por un lado, pero además tienen varias posibles explicaciones: desde que provengan de gente relacionada con el Gobierno hasta que sean ideas sórdidas de sus opositores, a fin de causarle problemas a este último. Nada se puede descartar a priori. La situación actual del país, así como la lamentable historia nacional en cuanto a la violencia política, obligan a que las autoridades investiguen sin descanso, tomando en cuenta el serio efecto que la noticia tiene ya en cuanto a afirmar el estado de indefensión de los ciudadanos.
Nineth Montenegro se ha ganado el respeto ciudadano por muchos motivos, pero en especial porque trabaja prácticamente sola. Ha llegado adonde se encuentra gracias a su tesón y esfuerzo, y es una de los pocos diputados actuales que desarrollan sus tareas con profesionalidad, lo cual no implica  que todo lo que haga es perfecto. Al compararla con la actividad de muchos otros legisladores, sobresale de una manera que es imposible negar.
 Es evidente que hay una conspiración. La semana pasada aparecieron pintas de su partido, hechas con el objeto de acusarla de no acatar las disposiciones del Tribunal Supremo Electoral. Ahora son estas amenazas. Ello hace pensar que la idea es sacarla del medio, ya sea con el cierre del partido o con hacerla irse al exilio. Eso, más las reacciones a sus tareas de fiscalización, permiten que adquiera base la versión de que detrás de todo esto hay gente con mucho poder, sobre todo político.


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