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Prensa Libre

24/11/11 - 00:00 Opinión

PERSISTENCIA

Violencia contra la mujer

El día lunes 24 de octubre, Carolina Vásquez Araya escribió en su columna El Quinto Patio, de Prensa Libre, un artículo sobre la desaparición de Cristina Siekavizza. Es de destacar las siguientes palabras: “Quienes todavía creen que la violencia contra la mujer es asunto privado pueden comenzar a repensar sus conceptos, porque a partir de este caso paradigmático -el de Siekavizza- el maltrato intrafamiliar, tanto en forma física como psicológica y económicamente, se ha arrojado de lleno al tapete del debate público

MARGARITA CARRERA

y se han desvelado sus perversidades, acunadas por una cultura machista al extremo de glorificar el femicidio”.

En efecto, en Guatemala todavía impera tal cultura. Generalmente se culpa a la mujer de algún inconveniente que surja dentro de la pareja matrimonial. Volviendo al pasado, cuando era joven, aún recuerdo la infame costumbre que se tenía a la hora de tildar a la mujer de los males que surgían en las relaciones entre varones y mujeres.

A los primeros siempre se les perdonaba, no así a las segundas. Éstas eran a menudo las culpables de todos los males. Debían ser obedientes, pacientes y jamás reclamar sus derechos. Es más, en general, no parecían tener derecho alguno. Debía ser buena hija, buena esposa, buena madre. De ella dependía el éxito del hogar.

En el Diario de Centro América del día 25 de octubre salió un artículo digno de mención. Se trata del escrito por Olga Villalta, titulado Urge una nueva masculinidad, y del Editorial que lleva este nombre: Una manera de gobernar admirable.

El trabajo de Villalta hace alusión a la suegra de Cristina Siekavizza, Beatriz Ofelia de León, exmagistrada de la Corte Suprema de Justicia, acusada de obstrucción de la Justicia en el caso de la acusación de su hijo Roberto Barreda, quien desapareció después de haber asesinado a su esposa, que desde tiempo atrás era víctima de la violencia física de su marido hasta el punto de darle muerte, según testimonio de la empleada que trabajaba con la familia, Petrona Say Velásquez, quien también fue testigo de cómo Roberto Barreda de León, supuesto asesino de Cristina, se llevó a sus hijos de 4 y 7 años con rumbo desconocido.

La opinión de Olga Villalta es que “(…) aunque muchas personas a través de los blogs de los periódicos arremeten contra la señora de León, me resisto a señalarla como responsable de los delitos cometidos por su hijo.

En el fondo, lo que hay atrás de todo es una cultura patriarcal que dotó a los hombres de muchos privilegios, entre ellos el de creer que los cuerpos de las mujeres son de su propiedad. Este sistema, a la vez, establece para las mujeres una serie de mandatos de género que facilitan la aceptación de nuestra parte de la subyugación, subordinación y discriminación. Uno de los mandatos más internalizados por nosotras es el de amar incondicionalmente.

Y quizá esta es la trampa en la que la señora de León ha caído”. Yo comparto la opinión de Villalta. En este sentido me niego a condenar a la señora de León hasta que no se compruebe fehacientemente su culpabilidad.

Entre más subdesarrollada es una cultura, la mujer viene siendo víctima del varón. Entre más culta, se le valora igual que a él.

Un caso excepcional es el de la República de Argentina, en donde ha sido nombrada como presidenta Cristina Fernández. Hay que insistir que este país ostenta el puesto número uno en desarrollo humano, como apunta el Editorial del mismo Diario de Centro América, el cual resalta el hecho de que el Estado argentino da un estipendio a cada familia, por hijo, de tal manera que todos tienen el mismo acceso a bienes como salud y educación.

El actual presidente en Guatemala no ha ofrecido aún tener en cuenta la cultura y la educación. Estos dos bienes máximos parecen serle desconocidos.

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