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13/06/12 - 00:24 Opinión

CATALEJO

Violencia contra la tercera edad

ENTRE LOS TEMAS MÁS difíciles de creer en el tema de la violencia como fenómeno social, se encuentra el de ver en el hogar uno de los lugares donde con más frecuencia se presenta este fenómeno. Dentro de sus cuatro paredes ocurren actos tanto de violencia física como psicológica para los niños, las mujeres, y las personas técnicamente definidas como “de la tercera edad”, es decir de quienes han pasado de los 60 años.

MARIO A. SANDOVAL

En el caso de Guatemala representan el 3.9% del total de la población y alrededor del 8% de la población adulta. El término para describir a quienes pasan de 75 años es el de senectud, de los adultos. Tanto los hombres como las mujeres ancianos muchas veces sufren en nuestro medio una vida de humillaciones y dolor.

MUCHOS FACTORES se unen para este resultado tan triste. La salud precaria es un ejemplo. Conforme las personas caminan más por la vida y dejan de trabajar o de tener actividades específicas, o como se dice popularmente “se encuentran en espera de la llegada de la Muerte”, comienzan a necesitar de cuidados especiales, aun cuando su salud no sea precaria, al tomar en cuenta el factor cronológico como motivo para la disminución de ciertas facultades o habilidades. Los abuelos enfermos y miembros de una familia de limitados recursos económicos se convierten además en una fuente de tensión interna en el hogar. Es un círculo vicioso: está mal porque la familia no tiene dinero y es muy difícil atenderlos como merecen y como necesitan.

EN OTROS PAÍSES, LOS senectos aceptan como una de las posibilidades de los últimos años de su existencia estar en un centro especializado. Ello les significa la disminución del vínculo familiar, lo cual puede llegar hasta la soledad total, aunque se encuentren rodeados de otras personas con sus mismas condiciones. En nuestro medio, aunque ya hay varios de estos lugares, y en general realizan bien su trabajo, la posibilidad de emplearlos aún choca de alguna manera con la manera de pensar de los guatemaltecos. Quienes literalmente no pueden sostener a sus ancianitos deben recurrir a instituciones estatales, donde por desgracia en demasiados casos el cuidado otorgado por el personal no es el mejor, ni lo son las instalaciones físicas.

LA VIOLENCIA CONTRA estas personas no necesariamente es física. Ocurre cuando se les interrumpe porque están contando una anécdota por enésima vez, o porque se les desea obligar a comer aunque no quieran porque les desagrada la comida, o porque se les debe repetir las frases dirigidas a ellos, o porque se les regaña. La palabra fundamental es comprensión. Y comprensión a todo: cuando están contentos, cuando se ponen melancólicos a causa de recuerdos y talvez de remordimientos muy íntimos. Y así como ellos aceptaron hace muchos años leernos un cuento por docenas de veces, es el momento de compensar esa ternura. Al fin y al cabo, a ellos se debe nuestro nacimiento o el de nuestros padres. Es un asunto de merecida compensación.

LA ONU DESIGNÓ AL 15 de junio como el día mundial contra el maltrato al adulto mayor. El esfuerzo de la sociedad guatemalteca debe estar dirigido a convencer a los adultos jóvenes de cuáles acciones constituyen maltrato, y a luchar porque los ancianos no deambulen solos y abandonados por las calles, y porque puedan disponer de medicinas, así como de sillas de ruedas, camas especializadas y cualquier otro aparato necesario. Alguna vez leí una frase impactante: “una de las formas de medir la calidad humana de las sociedades es la manera como tratan a sus niños y a sus ancianos.” Ojalá la cúpula del actual gobierno comprenda la necesidad de apoyar todos los esfuerzos de entidades y personas privadas para alegrar la vida de los viejitos.

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