Opinión

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¿Y ahora qué…? siempre será mejor ruta que seguir leyendo la misma página y haciendo las mismas cosas para obtener los mismos resultados.  Ya sonaron los trancazos, se encresparon los puños y nos dimos en la torre. ¿Y ahora?  ¿Cómo le vamos a hacer para enfrentar los costos de la reconstrucción y toda esa agenda atrasada tan amplia como variada que “llevamos colgados como sopes al anca”? como decía el finado Álvaro Contreras, en su afamada columna Cacto.

ALFRED KALTSCHMITT De Mis Notas

Por ejemplo: Asumiendo que para la reconstrucción de la infraestructura vital (puentes, carreteras) sin la cual no podemos operar, se deben sacar más bonos. Es evidente que los bancos del sistema prefieren comprarlos a una tasa cómoda que les permita ganar más plata, que utilizar esos fondos para colocarlos en créditos a los medianos y pequeños empresarios, con todas las limitaciones y costos que impone nuestro atrasado e ineficiente sistema judicial para recuperar cuentas morosas.

En virtud de lo anterior, ¿subirán o bajarán los intereses? Subirán, por supuesto, lo cual no es conducente a una mayor productividad y generación de empleo. Y empleo e inversión es lo que con urgencia necesitamos para incentivar el consumo y dinamizar la economía. Luego, si se van a aprobar más bonos para la reconstrucción, que se coloquen en el mercado internacional  tasas más bajas. Cae de su peso que una mejor estrategia de la Junta Monetaria hubiese sido bajar la tasa líder.

Y por supuesto que hay que cuidar la calidad del gasto por la vía de quitarle opacidad. En ese sentido son buenas nuevas ver en la cárcel a empleados públicos acusados de malversación y robo. Más de la misma calaña deberían llegar como huéspedes de nuestro arcaico sistema penitenciario, que requiere de bases militares para evitar que asesinen a los prisioneros de llamados casos de  “alto impacto”.

Pero la calidad del gasto no se supedita únicamente a no robar, sino a incrementar los índices de eficiencia y efectividad,  ejercitando una estrategia inteligente de priorización sobre los ejes temáticos que todos conocemos y que son  ya insistida letanía pública: atraer, no ahuyentar la inversión extranjera, es un absurdo tener que reiterarlo. Explotación de recursos naturales y minerales no es una opción, sino una obligada responsabilidad de cara a las demandas de nuestro mercado laboral formal e informal en el cual solo siete de cada 10 trabajadores pertenecen a este último.

Desarrollo rural pujante y dinámico, convirtiendo a nuestros agricultores “mil peros” de subsistencia en cultivadores de sus propios bosques;  o cuidadores de los pocos que quedan; o en pequeñas empresas rurales protegiendo las  cuencas de las hidroeléctricas cuyo futuro y sobrevivencia depende de la conservación de las mismas. No hay otra alternativa.  El potencial de Guatemala es agua, bosques y minerales.

El discurso del embajador MacFarland en la celebración de la independencia de su país señaló que hay que salir de las “burbujas” en las que nos movemos los guatemaltecos. Un tema sobre el cual en no pocas ocasiones este columnista ha escrito también.

Por más que señalemos errores o desaciertos —que los hay en abundancia de nuestros opositores—, sigue pendiente la gran agenda nacional. La presa social acumulada aumenta a porcentajes críticos que desde hace años evidencia un rebalse continuo, creciente y peligroso.  Es un polvorín para el cual, lamentable admitirlo, existen abundantes fósforos politiqueros y de las mafias listos  para encenderlo a voluntad y discreción. Ya hay ejemplos…

El escenario es cerrado. No hay más alternativa que debatir, dialogar y negociar consensos.
¿Alguien tiene otra idea?
alfredkalt@gmail.com


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