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01/03/13 - 00:00 Opinión

DE MIS NOTAS

Hay que actuar para salvar Atitlán

El lago de Atitlán está perdiendo claridad. El contenido de nutrientes aumenta, las algas benéficas desaparecen y las perniciosas cianobacterias dominan. El contenido de patógenos es alto. Todo esto es parte de un proceso llamado eutrofización, que es acelerado enormemente por la actividad humana. La entrada incontrolada de nutrientes, especialmente de desagües sin tratamiento, es la causa principal. Muchos lagos alrededor del mundo están experimentando una degradación similar. Aquí, en Guatemala, Amatitlán es un ejemplo de lo rápido que se puede deteriorar un lago

ALFRED KALTSCHMITT

 con una entrada excesiva de nutrientes generada por la acción humana. Sin embargo, hay lagos que han logrado evitar o revertir la eutrofización rápida. El lago Maggiore, en Italia, y los lagos Tahoe y Washington, en los EE. UU., son algunos ejemplos. En estos lagos, la mejora se relaciona directamente con la “eliminación total de la entrada de desagües”, exportándolos fuera de la cuenca. Las plantas de tratamiento avanzadas con remoción de nutrientes simplemente no son eficientes para eliminar los nutrientes al punto en que puedan revertir o parar la contaminación y la eutrofización de Atitlán.

¿Se puede lograr esto en Atitlán? Muchos escépticos dicen: NO, es muy caro, no funcionará, es demasiado tarde… Ingenieros experimentados de Guatemala y el exterior dicen que SÍ. La única solución es construir un colector presurizado que reciba todos los desagües de las poblaciones alrededor del lago para bombearlos fuera de la cuenca a unas lagunas facultativas.

Esto se puede hacer con la mitad del costo de construir plantas de tratamiento. Una vez fuera de la cuenca, hay suficiente desnivel como para generar electricidad con una turbina antes de que el desagüe entre al sistema de lagunas de tratamiento. Las instalaciones serían lagunas anaerobias que producirían metano para generar electricidad. El efluente final podría utilizarse para irrigar dos mil hectáreas agrícolas aguas abajo. Esta infraestructura de manejo integrado de aguas residuales protegería el lago y el suministro de agua potable de más de cien mil personas, generaría energía en vez de consumirla y valorizaría el efluente final tratado para irrigar y fertilizar los campos, creando valor agregado en las cosechas.

Uno de los aspectos más importantes de esta solución es proteger la calidad del agua potable. Si el flujo de nutrientes al lago no para, el lago eventualmente estará dominado por cianobacterias tóxicas. Sin embargo, como se ha demostrado en otros lagos, con un aumento creciente de nutrientes, las cianobacterias tóxicas dominarán. Como no existe manera económica para remover la toxina, esto sería un gran desastre para un recurso clave de la gente de Atitlán y la pérdida de un tesoro nacional de Guatemala.

El manejo integrado de aguas residuales propuesto tiene antecedentes históricos: en la década de 1880, la ciudad de Chicago tuvo epidemias de cólera y tifoidea que mataron a cerca del 12% de los 750 mil residentes. Estas epidemias fueron causadas por la contaminación del lago Míchigan, la única fuente de agua potable de la ciudad, a través de descargas de aguas residuales a un tributario del lago Míchigan, algo parecido al Lago de Atitlán hoy día. Hubo una reacción pública y en 1890 se revertió el flujo del río Chicago del lago a la cuenca del río Misisipi, protegiendo así la calidad del agua y evitando la contaminación del lago. Este proyecto se considera como una de las más importantes obras públicas del siglo XX. Ojalá que la población del Lago de Atitlán no tenga que enfrentar epidemias similares por aguas contaminadas con desagües antes de que se accione, cosa que podría ser demasiado tarde.

Tomado de la Dra. Eliska Rejmankova

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