Opinión

LA ERA DEL FAUNO

Agresiones a la PMT

Juan Carlos Lemus

Juan Carlos Lemus

Un cuadro estadístico de 1930, firmado por A. Schlesinger, dice que para ese año el país tenía unos dos millones de habitantes. El dato es útil, aun cuando sea inexacto, pues habrá sido elaborado con herramientas imprecisas, además porque en aquellos tiempos no se tomaba a los indígenas como personas. En la misma fecha había dos mil 101 autos, 791 camiones y 202 autobuses, lo que hacía un total de tres mil 94 vehículos en toda Guatemala.

En la actualidad, no sabemos ni cuántos somos —se dice que 15 o 20 millones de habitantes—. Cada día ingresan unos 240 vehículos y a diario hay casi cien mil motos corriendo por la Ciudad. Con tales cifras, resulta humanamente imposible para cualquier policía municipal de Tránsito ordenar la circulación al gusto de cada cual.

Con gran decepción he oído a conocidos imprecar a la PMT. Me aparto de ellos como de una peste. Personas que, supongo, son buenos padres de familia, trabajadores o estudiantes ejemplares, excretan ira contra los agentes.

A mí también me han puesto multas, me ha tocado ver la mano abierta en señal de alto, por largo rato; alguna vez me ha parecido que se equivocan, pero considero que su trabajo es más difícil de lo que se piensa e imposible de ejecutar sin yerros. No son ellos, es la cantidad de vehículos. Bajo el sol, el agua; bajo un aguacero de insultos y bocinas, acorralados por autobuseros criminales, maldecidos por señoras abusivas; respirando humo negro; agredidos verbal, psicológica y físicamente por cualquiera, encima, desprotegidos por la Policía Nacional Civil —que también los acosa—, los hombres y mujeres de la PMT se exponen cada minuto al odio de una sociedad deshumanizada.

Esta semana asesinaron al agente Simón Velásquez Pérez. Hecho tan trágico se vio opacado por un acontecimiento menos importante como fue la llegada al país de Alfonso Portillo.

Yo que Arzú, por ese crimen retiraba a los agentes durante una semana o un mes. Por luto. Como protesta. Además, para que esa mayoría violenta se maneje sola. Esa mayoría que ahora mismo estará imprecándome “váyase usted también”, experimentaría mucho más caos.

Propongo que a corto plazo sean instaladas torrecillas de control de semáforos. Desde lo alto, un policía municipal de Tránsito podría manipular los colores. La figura del policía dando la vía a media calle ya es caduca, primitiva. Tiene la desventaja del odio recibido y se hace inútil debido a las cifras.

En las redes se leen condolencias para la familia del agente asesinado, dicen que lamentan lo ocurrido, aunque hay quienes añaden “pero los policías son autoritarios…”. El pésame hipócrita, en realidad, quiere decir que se lo merecía. De igual manera, se leen elogios para la mujer que agarró del pelo a una policía de Tránsito de Villa Canales. La situación es feroz, extremadamente grave. El país ya no funciona, lo sabemos, y se acepta solo hasta que lo dice una estrella de rock o un exfuncionario exconvicto magnificado que, por cierto, cuando tuvo la oportunidad se alió con genocidas.

@juanlemus9