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Prensa Libre

16/04/13 - 00:00 Opinión

MIRADOR

¿Y ahora qué, señora fiscal?

El expresidente Portillo fue absuelto, en segunda instancia, del delito de peculado por el que era acusado. En la primera (mayo, 2011), dos de las tres juezas que conformaban el tribunal lo eximieron. En aquella ocasión se alzaron por doquier voces de fraude, manipulación, corrupción y compinchamiento, aunque la sentencia dejaba claro el porqué de la absolución. La fiscalía y la Cicig no habían presentado pruebas pertinentes —¡como de costumbre!— y los peritajes estaban contaminados.

PEDRO TRUJILLO

Como el señor Portillo despierta pasiones, resultó que el “fraude judicial” era un hecho mediáticamente incuestionable y, por tanto, las juezas fueron señaladas de actuar incorrectamente. Sin embargo, dos años después, la cámara de apelación, por unanimidad (otros tres jueces), determina que el acusado es efectivamente inocente. Durante el tiempo transcurrido, la Cicig publicó un informe Los jueces de la impunidad.

En la página 53 y siguientes acusa a aquellas dos juezas de no valorar adecuadamente las pruebas. Esas magistradas forman parte de los 18 jueces que la Comisión imputó en dicho informe con total impunidad y prepotencia. Ahora, tres jueces diferentes corroboran la decisión de aquellas y, consecuentemente, sería de esperar que sean señalados y perseguidos. La imputación de las juzgadoras queda en entredicho con esta nueva sentencia, pero la Cicig no admitirá su error ni podrá ser denunciada por falsa acusación o injurias, como debería ocurrir en un estado de Derecho.

Manchado el expediente de las juzgadoras, no se borrará fácilmente porque el capricho de unos pocos —cuando no la intención manifiesta e incluso la irregularidad más patente— exteriorizó un prefabricado delito que ahora se desvanece, salvo que se concluya que todos los jueces son unos corruptos y deshonestos y el MP/Cicig almas cándidas y celestiales.

MP/Cicig se equivocan con demasiada frecuencia e incluso los medios de comunicación son excesivamente condescendientes con ellos. En lugar de presentar el estrepitoso fracaso o la manipulación palmaria de una investigación judicial —“aparentemente tan clara y condenatoria”— alguna prensa escrita publicó que, aunque había sido absuelto estaba más cerca de la extradición, como si el objetivo fuese esta última y no procurar la justicia que se buscaba con el juicio. Dicen —y cada vez me lo creo más— que hubo una reunión en EE. UU. donde quedaron claras dos cosas: se agilizaría la extradición de Portillo y se juzgaría a Ríos Montt y ambas están en marcha, más producto de intereses de partes —MP/Cicig, entre otras— que de hacer su trabajo y buscar realmente institucionalizar el organismo investigador y administrar la justicia, por años ausentes y ahora podrida.

Si esta fuese una sociedad diferente, la ciudadanía se preguntaría qué hacer con instituciones que sistemáticamente fallan en la investigación —esta vez reiteradamente— renuncian a ciertos recursos judiciales que deberían emprender de oficio (también lo hizo la PGN y la Contraloría) y descargan su frustración señalando falsamente a quienes juzgan y no condenan porque no satisfacen las previsiones de esa inmune entidad. Estamos ante la más clara politización de la justicia hecha con la cara descubierta y con el arma en la mano. Nadie se atreve a moverse por miedo a quedar fuera de la foto, mientras consentimos con el silencio y la cobardía una flagrante violación de los más elementales principios del Derecho. A fin de cuentas el expresidente cae mal a muchos e importa poco, y de nuevo el hígado se impone sobre la razón y se acepta cualquier barbaridad. Sentirá el problema de forma diferente cuando le toque a usted, pero ¿qué podrá hacer entonces?

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