Registrarse ¿Por qué registrarse?

Con tu usuario podrás:


- Ingresar al visor de la edición impresa
   de Prensa Libre

- Comentar cada nota publicada
   *ver términos y condiciones de uso
   del portal

- Obtener beneficios y promociones
   para usuarios registrados de
   Prensalibre.com


Olvidó su contraseña?

Opinión

Cada cuatro años la historia se repite

Cuando se produce un cambio de Gobierno resulta el mejor momento para observar ese crisol de contrastes entre las autoridades que se van y las que se estrenan en los cargos. En el primero se vuelve evidente la búsqueda afanosa de una memoria que ponga sobre el tapete logros efímeros de lo que se ha hecho en cuatro años de gestión, una tarea que no resulta fácil, sobre todo cuando el equipo no fue tan cohesionado como al inicio del mandato, y por ello parecen relucir más los desaciertos.

EDITORIAL

Del otro lado, en cambio, las escenas lucen derroche de optimismo, al punto de vestir las mejores galas para ponerse a tono con el inicio de un mandato, de un nuevo año y de otra administración que para la mayoría de los ciudadanos es percibida con cierto escepticismo y buenos deseos porque las cosas puedan ser diferentes esta vez y que ojalá cambien muchas de las realidades circundantes que agobian, y han sido, de hecho, la piedra fundamental para que cada cuatro años se vote contra los partidos oficialistas.

Lo más rescatable de esos contrastes es precisamente que los que se van dejan un sabor amargo en la mayoría de la población, mientras que los que llegan parecen despertar las ansias de que se produzca una dinámica renovadora sobre el desarrollo del país, principalmente en que se transforme la situación de millones de marginados, más que nada la de miles de guatemaltecos que sobreviven bajo niveles de pobreza indeseable, sobre todo en las áreas rurales.

En ese contraste de percepciones radica lo más relevante de nuestra incipiente democracia, porque lastimosamente cada relevo en la administración sucede lo mismo, un cambio de autoridades en donde predomina la desaprobación de los mandatarios salientes y la vista se fija en quienes llegan y de las que se espera el cumplimiento de promesas sobre áreas vitales para el país, a fin de que la escena no se vuelva a repetir dentro de cuatro años y haya menos frustración.

Quizá a ello se deba que ningún partido político ha logrado ganar una reelección, porque hasta ahora, de acuerdo con el modelo cimentado de cambio a través de las urnas, ningún político ha podido convencer a los ciudadanos de que ha sido un buen gobernante, y el extremo de la desaprobación ha llegado al punto de que las agrupaciones partidarias que han hecho gobierno, de inmediato inician un proceso de desaparición, algo que se explica en el hecho de que muchos políticos se ven desbordados por la inmoralidad y excesivas ambiciones que los condenan al ostracismo.

Sin embargo, en esa mezcla de desencanto y euforia es en la que deben verse muchas de las claves que los gobernantes deben atender para poder iniciar un auténtico cambio de Nación, pues no se puede continuar por una ruta en la que cada cuatro años aflore tanta frustración con el gobierno que deja el poder. El partido que inicia un nuevo período debe ver con claridad en la imagen de la administración saliente el reto para mejorar las expectativas de la población y ser congruentes y responsables con lo prometido, para evitar que el desenlace sea el mismo cuando les corresponda entregar el poder.


Más noticias de Opinión

Herramientas

Último momento

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.