Opinión

SI ME PERMITE

Arjona es guatemalteco

Samuel Berberián

Samuel Berberián

“Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito”, Aristóteles.

Por demás gratificante fue en estos días enterarnos por los medios masivos de comunicación el reconocimiento que nuestro compatriota el artista Ricardo Arjona fuera galardonado con el premio a la Excelencia Musical. Un mérito de este calibre no se evalúa en una presentación simplemente, sino en un período de tiempo que en este caso suman décadas.

El comentario muy particular que Arjona agregara en sus propias palabras fue: “No cambiaría ni uno solo de los múltiples errores que he cometido en mi vida para llegar a donde estoy”. Este es un mensaje para todos nosotros que, para quejarnos de todo lo que sucede, nos creemos los expertos. La lección que se nos enseña es que la vida es un constante aprendizaje con altibajos que al final, si aprendemos y persistimos, podemos alcanzar cosas que parecieran imposibles.

Deberíamos reflexionar que el que recibió el reconocimiento no es de ojos azules ni es de cabellera sajona, y si él lo alcanzó, porque nosotros no podemos apuntarnos en el mismo ejercicio aunque se nos haga cuesta arriba. Hagamos memoria que cuando nuestro cantautor inició se decía que había copiado su primera canción, pero a pesar de eso hoy recibe la presea, se la dedica a Guatemala y se hace acompañar de otra guatemalteca que sigue el mismo camino, la encantadora Gaby Moreno.

Probablemente usted y yo no somos artistas, pero posiblemente maestros o artesanos, o quizás de lo más elemental: solo lustrabotas o personal de limpieza; pero en lo que cotidianamente estamos haciendo tenemos la oportunidad de simplemente hacerlo para que nos paguen o bien hacerlo para alcanzar la excelencia no porque alguien nos lo ha pedido, sino porque nosotros, en lo individual, nos lo hemos propuesto y cada mañana cuando el buen Dios nos regala otro día, reafirmamos que haremos el mismo trabajo, pero mucho mejor que ayer.

No hay mayor frustración y tristeza que hacer las cosas para que nos las reconozcan y nos den el mérito ganado, cuando lo correcto es que nosotros debemos ser nuestros propios fiscales y árbitros verificando si lo que hacemos es del mejor modo y planificar cómo mejorarlo por la simple autogratificación y no tanto del reconocimiento.

La vida es una maratón que todos corremos, cada uno en su campo y en su medio. Por ello debemos correr para superar nuestra propia meta del ayer no tanto del que va por delante nuestro para pasarlo y ganar la presea. Aun cuando hemos llevado la delantera, y cuando las cosas nos han favorecido de lograr metas, deberíamos tener en nuestra mente superar y alcanzar mucho más.

Guatemala no está para complacer requerimientos simplemente porque así nunca saldremos de lo que estamos. Muchos se jactan de hacer un buen trabajo y que donde están nadie tiene ninguna queja de ellos porque son cumplidos. Nadie discute esto, pero la realidad es diferente. Los días que vivimos son tiempos que más que para estar complaciendo debemos en ellos empezar a superarnos, si es estudio, alcanzar el próximo nivel; si es de servicios, una calidad mejor; si es de atención al cliente, un perfil de mejor calidad, y simplemente porque nos lo hemos propuesto y no descansaremos hasta alcanzarlo.

Unámonos en mirar los retos que tenemos por delante y no tanto los logros que podemos presumir y nuestro país brillará con muchos más valientes que no se conforman.

samuel.berberian@gmail.com