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Opinión

IMAGEN ES PERCEPCIÓN

No al bullying

La semana pasada una niña de 13 años se suicidó y dejó una nota: “mi vida es insoportable, mis compañeros dicen que soy una recha, gorda y fea”. Aunque sus padres habían reportado este acoso a las autoridades del colegio, estas no hicieron nada. Carlita, con una vida por delante, permitió que sus compañeros de clase, unos “delincuentes potenciales”, truncaran sus sueños y le hicieran pensar que ella no valía nada. Muchos estudiantes son víctimas de acoso escolar a través de maltrato psicológico —continuo y repetido—,

Brenda Sanchinelli Izeppi

POR BRENDA SANCHINELLI IZEPPI

 que se caracteriza por afectar emocionalmente a los niños y jóvenes, creando marginación entre los propios grupos sociales estudiantiles.

Como mujer, maestra y amante de la niñez guatemalteca, no puedo quedarme cruzada de brazos ante tal atrocidad, me siento indignada por este flagelo que tienen que vivir estos pequeños indefensos.

Por lo mismo he decidido participar en la formación de una asociación encargada de investigar, proteger y promover acciones legales contra el bullying. Para este objetivo estuve charlando con un joven de 15 años, Leonel Barcárcel, que lleva ya un tiempo promoviendo acciones en su entorno educativo para cambiar las cosas, justamente, con él planeamos poder trabajar sobre la estructura de este grupo.

Mayoritariamente estos actos denigrantes para el ser humano se llevan a cabo en niños que oscilan entre 11 y 15 años, y la mayor parte de veces las autoridades del colegio o padres de familia no se percatan de estas situaciones.

La reacción de la víctima siempre es de tristeza y depresión, factores que a largo plazo pueden llegar a causar hasta el suicidio como resultado del rechazo social.

Lamentablemente en Guatemala vivimos en una sociedad consumista donde es notorio el darwinismo social —doctrina que desemboca directamente en el racismo y la xenofobia—, el más poderoso es el que sobrevive y es también quien pisotea al más débil.

Por ejemplo, en un colegio privado donde el 95% de los estudiantes pertenece a una clase alta, si llega un estudiante pobre es automáticamente marginado y hecho víctima de agresiones psicológicas, emocionales y físicas. ¿Por qué? Porque no llegan a traerlo en un carro de lujo, porque no tiene un iPhone, porque no anda vestido con ropa de marca, ¿por qué es moreno, bajo de estatura y pobre?... Esto es aberrante, es malvado, es cruel y criminal. Pero se agrava cuando los directores, maestros y padres de familia se hacen cómplices silenciosos de este estigma. Y tengo que decir que los padres son los verdaderos culpables de no enseñar a sus hijos auténticos valores en casa, enseñarles que el dinero, las cosas materiales y un prototipo físico establecido por la mass media es lo cool; lo demás no importa si poseen estos “valores relativos” que nos están llevando al barranco, como sociedad y como seres humanos. Esta idiosincrasia individual establece que el fin sí justifica los medios, como dijo el autor renacentista Nicolás Maquiavelo, y si a costa de los demás yo tengo una mejor imagen y me vuelvo socialmente más poderoso, lo demás importa un comino. Únete a mi sitio y hagamos un cambio.


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