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24/06/13 - 00:00 Opinión

El quinto patio

De cabras y otras hierbas

Una de las cualidades esenciales de un buen programa es la sostenibilidad. No importa de qué se trate, el asunto es que cualquier inversión, por pequeña o grande que parezca, debería rendir frutos en el largo plazo y consolidarse de algún modo para mantener su efectividad. Eso es cuando la intención está directamente relacionada con la acción y no se trata de un subterfugio para alcanzar otros fines.

CAROLINA VáSQUEZ ARAYA


Las estrategias de ataque a la desnutrición deberían ir por el camino de una mejor administración de los recursos, inversión social y acciones puntuales para garantizarle a la sociedad una mejor repartición de la riqueza. De allí arranca —como consecuencia natural— un avance en la calidad de vida y una mejoría sensible en todos los factores que inciden en el proceso de desarrollo.

En Guatemala, las familias más necesitadas están necesitadas de todo: de espacio para vivir, recursos para alimentarse, habilidades para ganarse la vida y, sobre todo, programas de educación y salud para no llenarse de hijos no deseados, muchos de los cuales crecerán con deficiencias neurológicas y físicas irremediables causadas por la desnutrición.

Por eso parece un tanto arriesgado —por decirlo de algún modo— la idea de poner en sus manos un recurso que, si bien en ciertos estratos resulta conveniente, para la mayoría podría ser un problema sumado a los muchos que ya tiene. De hecho, criar animales de granja no es tan fácil. Tampoco es barato si se hace correctamente. Como primera consideración, es importante subrayar que los animales son seres vivos que requieren de cuidados específicos y para ello debe existir un programa de capacitación. No considerar este punto podría caer en el ámbito del maltrato, tanto contra las personas como contra los propios animales.

Luego, hay que tomar en cuenta que las familias más pobres se alimentan mal, muy mal. Si reciben animales de granja no se alimentarán mejor porque los animales serán bocas adicionales y el producto que supuestamente van a brindar no siempre compensa lo que van a consumir. Una cabra, por ejemplo, dará leche de buena calidad siempre y cuando esté saludable y bien alimentada. Este animal se alimenta de forraje, pastos y concentrados y necesita espacio para moverse aun estando en un establo. También es indispensable proporcionarle bebederos y depósitos de sales minerales.

Esto en cuanto a las cabras, con los cerdos y gallinas hay otra serie de condiciones a cumplir para no tener a corto plazo focos de infecciones no tratadas. La higiene en el caso de la crianza de cerdos es fundamental. Aunque ese animal haya sido reputado por cochino, es uno de los más limpios y ese es el medio en el cual debería vivir.

Visto desde la distancia, este plan no es tan malo, pero ante la realidad de las familias más pobres resulta casi imposible que alcance un mínimo de resultados. Si la intención es brindar una fuente de alimento, deberían estudiarse soluciones de más largo plazo y fácilmente sostenibles. Si la intención es crear buena voluntad entre los estratos más amplios de la población —la pobreza afecta a más del 60 por ciento— tampoco es garantizado su éxito, por no haber certeza de sostenibilidad.

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