Opinión

DE Mis notas

Caco-fonía de dipu-cacos y sindi-cacos

Alfred Kaltschmitt

Alfred Kaltschmitt

Tenemos un estado ineficiente, costoso y corrupto por carecer de sistemas y controles adecuados. Es en este espacio —que más que espacio es una especie de útero— en donde han nacido, nacen y seguirán naciendo todos los engendros burocráticos del chanchullo y la malversación, que hoy resaltan los titulares de medios de comunicación.

Esta es la cueva donde pululan los cacos, los ladrones y los grandes pillos que desangran al erario nacional anualmente en no menos del 30 por ciento del Presupuesto General de la Nación, según estimaciones del Banco Mundial. Una maldición recurrente a la que estamos expuestos porque, al carecer de controles, las mafias se desfogan como meadas hacia la gravedad del vacío, causando que el poder coercitivo de la ley no se concrete en la certeza de un castigo ejemplar que envíe el mensaje de que el crimen paga.

He escrito a lo largo de los años, cual episodios de telenovelas, decenas de columnas sobre la Ley de Servicio Civil. Lo repetí y lo seguiré repitiendo: Si existiera esa ley, los burócratas, mediante un sistema de meritocracia y desempeño de profesionales de carrera, la administración y el gasto público no serían opacos, sino transparentes, eficientes y de calidad.

Y es esta transparencia, integralidad, eficiencia, excelencia de servicio, competitividad, flexibilidad en la gestión, multiculturalidad, modernización, tutelaridad, para nombrar algunos de los principios fundantes de la carrera de servicio civil, lo que hace la diferencia.

La trascendencia y la importancia de esta ley es enorme porque establece la “carrera administrativa”; es decir, la parte profesional y especializada instituida dentro del sistema de Servicio Civil, en la que debe prevalecer el principio del mérito de idoneidad para ingresar, permanecer y desarrollarse en el ejercicio de la función pública, y que excluye toda consideración de naturaleza política, religiosa, racial o de cualquier otra índole ajena al mérito de aptitud, para la administración de los recursos humanos estatales.

Cuando se establece la Carrera Civil y la meritocracia se enraíza, se crea paulatinamente una mentalidad de excelencia. Los empleados ven un horizonte de desarrollo profesional que les permite escalar jerárquicamente por méritos. Su función se transparenta y se esfuerzan por ser mejores. Son cuidadosos en el desempeño de su puesto. No arriesgan su prestigio y su carrera, luego son mejores servidores públicos que los que llegan por medio de favores políticos.

Cae de su peso que los sindi-cacos y los dipu-cacos no quieren que esta ley se apruebe. No están escatimando esfuerzos para evitar que se apruebe, desde paralizar el país con bloqueos de carreteras hasta paralizar servicios públicos.

Ni modo. El problema de fondo es que esto no les conviene a los dipu-cacos ni a los sindi-cacos. Le conviene a Guatemala. Les conviene a los guatemaltecos. Pero no les conviene a los partidos políticos y organizaciones sindicales. Saben que con esta ley se quedan sin la zanahoria que está amarrada al garrote que mueve a sus afiliados busca-huesos de cada elección.

Ojalá no le metan mano a esta ley que fue creada por Harris Whitbeck con una dedicación maratónica por más de tres años y con un rigor técnico altísimo. No es una fumada improvisada sino producto de mucha investigación y consulta con expertos de primer orden. Ahora los dipu-cacos quieren meterle 87 enmiendas. Lo que saldrá es un engendro inútil.

Aprueben la ley original antes de que se los lleve la Cicig…

alfredkalt@gmail.com