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Prensa Libre

29/09/10 - 00:00 Opinión

Sin censura

Hay un debate muy importante en torno a un tema fundamental para la juventud. Se trata de la educación sexual integral, que muchos consideran indispensable para prevenir embarazos no deseados, peligrosos contagios y vidas con violencia; mientras que otros plantean gran cantidad de reservas sobre estos temas.

ILEANA ALAMILLA

Jóvenes sin Censura es un grupo integrado por adolescentes y jóvenes entre los 13 y 19 años, que están empeñados en lograr que la información sexual llegue a todas las escuelas, para evitar que continúen los embarazos en niñas y jóvenes, que se detenga la propagación del VIH y que no haya más violencia sexual o contra la mujer. Tienen tanto entusiasmo como creatividad. Un afiche que los muestra sentaditos (as) esperando educación sexual y el plantón que hicieron frente al ministerio del ramo hace unos días provocan simpatía y reconfortan a esta sociedad, tan acostumbrada a la doble moral y al conservadurismo.

No están exigiendo que se acepte el aborto, no pretenden que se caiga en promiscuidad o libertinaje ni buscan crear conflicto con la fe o la religión; simplemente quieren adquirir conocimientos científicos y aprender con responsabilidad. Eso ni es pecado ni hace mal, ni es delito; es obligación del Estado responder a esa legítima demanda.

En nuestro país, solo tres de cada 10 mujeres jóvenes han asistido una vez a una charla sobre este tema, y únicamente el 43 por ciento de los jóvenes lo han hecho. En el área rural este acceso disminuye considerablemente.

Los ministerios de Educación y de Salud Pública y Asistencia Social firmaron el 9 de julio la carta “Prevenir con educación”, en donde se comprometieron a realizar un congreso sobre sexualidad, para la comunidad educativa, este mismo año. Es deseable conocer el avance de este acuerdo que abarcaría al 69 por ciento de la juventud guatemalteca.

Quienes se oponen a que se impartan estos contenidos como una materia en el currículo, que los docentes se capaciten y que se oriente a los padres y madres deberían revisar las estadísticas. Aquí les van unos datos para recapacitar.

En Guatemala, la edad reproductiva inicia ¡a los 10 años!, aunque no lo crean. En Alta Verapaz, 377 niñas embarazadas menores de 15 años se han reportado en lo que va del año.

Tenemos la tercera tasa más alta de fecundidad adolescente de Centroamérica, con 144 nacimientos por cada mil mujeres de entre 15 y 19 años; la mitad de las jóvenes inicia una unión, ya sea formal o consensuada antes de los 20, y el 44 por ciento eran madres a esa edad. La proporción más alta es de aquellas que no han tenido educación (68 por ciento) y en las indígenas (54 por ciento).

El 43 por ciento de personas en etapa avanzada de sida son menores de 29 años, donde la vía de transmisión más elevada son las relaciones sexuales.

No es posible que por conservadurismos, aunque estén bien intencionados, permitamos que las niñas se conviertan en madres prematuras, que se trunquen vidas plenas y que se continúen enseñando la reproducción en plantas, sin que se le permita a las o los estudiantes preguntar o profundizar en el tema; generaciones crecimos con miedos, tabúes, culpas e ignorancia sobre algo que es tan natural como respirar.

No hay que meter ruidos ni manipular o utilizar argumentos que no ayudan a ofrecer conocimientos científicos para mejorar nuestra sociedad y alcanzar el desarrollo.

La juventud tiene derecho a saber sin censura y a vivir esa edad como le corresponde, con salud, educación y responsabilidad.

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