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Opinión

El chompipe de la fiesta

TAL COMO ESTABA PREVISTO, los demócratas sufrieron un duro traspié en las pasadas elecciones de medio período en EE. UU. Esta vez, los republicanos lograron arrebatarles a sus contrarios el control del Congreso, no solo en número de escaños, sino que se quedarán con la presidencia de la Cámara de Representantes y dirigirán las comisiones de trabajo.

HAROLDO SHETEMUL

Los conservadores podrán controlar la agenda de la política interna y externa, y lógicamente esto le significará al presidente Barack Obama un fuerte contrapeso para el impulso de sus programas, porque lo obligarán a negociar, y más de alguna vez tendrá que ceder. Para el caso de América Latina, este nuevo escenario no le resultará nada favorable en varias esferas, principalmente en un casi seguro rechazo a una reforma migratoria y la asistencia económica hacia la región.

SI BIEN EN ESTOS COMICIOS se asistió a un avance en la elección de candidatos de origen hispano, estos no tienen la más mínima intención de apoyar a los migrantes, y su campaña la enderezaron precisamente en su contra. Ese fue el caso de Susana Martínez, quien fue electa como la primera gobernadora hispana en la historia estadounidense; el de Marco Rubio, hijo de cubanos, quien arrasó en Florida para convertirse en senador, y desde ya se le considera un fuerte aspirante republicano a una próxima candidatura vicepresidencial. Ambos formaron parte de la corriente ultraconservadora Tea Party y tienen una postura antimigrante, como la que impulsa la gobernadora de Arizona, Jan Brewer. Para ellos la migración latina debe frenarse con una frontera más controlada y leyes que expulsen a los indocumentados.

LA POSIBILIDAD DE APROBARSE una reforma migratoria queda anulada por el discurso segregacionista que tiende a extenderse en Estados Unidos, de la mano de los republicanos. La presidencia de la mayoría de comisiones legislativas de trabajo en poder de ese partido dificulta el avance de esa iniciativa y es muy probable que los demócratas tampoco se arriesguen a perder más caudal electoral apoyando una reforma que en ese país no tiene respaldo popular. Por ello, es probable que aumenten las redadas contra los indocumentados y las medidas para reducir aun más los precarios beneficios para los hispanos.

LA POLÍTICA CONSERVADORA de recortar el presupuesto pondrá en aprietos a los demócratas para el impulso de sus programas, entre ellos los dirigidos a Latinoamérica. Hasta la política de combate contra el narcotráfico podría ser afectada por los recortes, lo que le significará un mayor descrédito regional a Obama y un debilitamiento en los programas antinarcóticos. También se prevé el congelamiento de iniciativas de normalización de relaciones con Cuba, una mayor hostilidad contra Venezuela y un reforzamiento del control de la frontera sur que conlleva un discurso discriminatorio contra México y Centroamérica, tanto por la violencia que existe en sus territorios como por ser los principales países exportadores de migrantes y de trasiego de drogas, lo cual se sintetiza como “una amenaza al american way of life”. Esta situación, obviamente, le significará a EE. UU. un fuerte distanciamiento con sus vecinos del sur que vuelven a ser el chompipe de la fiesta republicana.


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