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28/01/13 - 00:00 Opinión

De historia e historiadores

Las cloacas de la Historia

Michael Farquhar, columnista especializado en Historia del diario Washington Post, publicó en el 2001 un bestseller titulado A Treasury of Royal Scandals, que en el 2007 se editó en castellano como Las cloacas de la Historia. Farquhar ventila a gusto “los trapos sucios” de reyes famosos por sus arrebatos pasionales; matrimonios desafortunados como sangrientos; egocentrismo y vanidad ilimitada, como la del llamado Rey Sol, Luis XIV de Francia, “quien se paseaba por Versalles como una auténtica drag queen, vistiendo ropas femeninas con lazos, tacones vertiginosos, pelucas y toda clase de joyas y perfumes”; y famosos papas, cuyas vidas estuvieron salpicadas por escándalos relacionados con robos, asesinatos, secretas relaciones sexuales y frecuentes casos de corrupción.

J. C. CAMBRANES


Los Borbones, que a principios del siglo XVIII sustituyeron a los “Austrias” en España, continuaron los vicios de siempre en el Estado español. Con la firma del Tratado de Utrecht, en 1713, España perdió Gibraltar; “por oscuras razones”, la intervención de los reyes en la emisión de leyes para sacar adelante obras públicas a fin de satisfacer mezquinos intereses, produjo situaciones políticas inestables y conflictos sociales que sólo podían ser parcialmente aplacadas por medio de sangrientas represiones militares contra la población. Los gobernantes se involucraron en otras muchas cuestiones nacionales e internacionales, impulsando demagógicamente medidas sociales, para ocultar que tras ellas estaban los sectores de poder tradicionales: la oligarquía de la tierra y los comerciantes, banqueros e industriales.

Desde la invasión española de 1524, capitanes generales colonialistas y tiranos “nacionales” complacientes con intereses oligárquicos han ejercido el poder a través de políticos corruptos y “congresistas” mercenarios. Su relevancia política se ha debido a su habilidad para encaramarse con artimañas en posiciones estratégicas de la estructura de dominación imperante. Desde Mariano Gálvez, quien en aras del liberalismo decimonónico concedió a neocolonialistas ingleses derechos de colonización en Alta Verapaz, Chiquimula y Petén, hasta el impresentable autogolpista que reconoció“la independencia” de Belice por millones de libras esterlinas, pasando por Rufino Barrios quien en 1882, por un Tratado de límites, cedió a México 30 mil kilómetros cuadrados de nuestro territorio patrio. Fue Barrios, fundador del Estado cafetalero de la actualidad, quien le abrió las puertas del país al neocolonialismo alemán, seguido del sátrapa Estrada Cabrera que se las abrió a sus amos de la Frutera; de Jorge Ubico, que estableció leyes esclavistas en el medio rural; y de la interminable fila de extravagantes militares y civiles entrelazados, que desde 1954 han dado prioridad a suenriquecimiento personal.

Recientemente, con lujo de violencia fueron allanadas las oficinas de la Asociación para el Avance de la Ciencias Sociales en Guatemala (Avancso), demostrándose con ello que los sectores poderosos desean regresarnos a la tenebrosa época de crímenes e infamias. El miedo a la población cada vez más levantisca mueve a la burguesía burocrática-militar y a la oligarquía tradicional a reforzar su conocida política de terrorismo de Estado, que les permita eliminar impunemente cualquier oposición al orden establecido tras el derrocamiento de Jacobo Arbenz. Es evidente: tenemos cloacas en nuestra historia guatemalteca pasada y presente.

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