Opinión

PLUMA INVITADA

¿Cómo nos verán?

Gustavo Gini

Gustavo Gini

Fue en un día de tantos que como microbiólogo me hice la interrogación: ¿Cómo nos observan y estudian los microbios? Todo ocurrió durante una clase del curso de microbiología que imparto en la universidad, cuando conferenciando sobre el tema de la fisiología bacteriana y explicando los mecanismos generadores y utilizadores de la energía dentro de los procesos metabólicos y anabólicos de las bacterias, me encontré atrapado dentro de mis explicaciones, todo a consecuencia de hablar sobre la inducción del círculo energético. Donde el iniciador del proceso es una molécula altamente energética conocida como ATP (Adenosina Tri Fosfato).

Entonces vino repentinamente a mi mente la duda de qué o quién es el inductor de este barullo energético provocando la iniciación de toda la acción. Entonces me dije, lo que ocurre es que la energía siempre ha existido y siempre estará presente en el universo porque es infinito y no finito. De tal manera que el ciclo se inicia y continúa eternamente. No necesita de principiar o terminar, esto se efectuará automáticamente cuando el caso lo amerite y punto. De tal forma, cómo será que las bacterias actúan en todo esto, pues reaccionan a estímulos causados por la energía térmica, lumínica o la producida por compuestos químicos que siempre han existido y están en un constante vaivén. Ellas se mantienen en un balance continuo aun con los embates causados por el humano o la naturaleza, algo así como en el caso del hombre con los azotes del ambiente. ¿Por qué?, pues debido a que tienen la “inteligencia” de encontrar la vía de recuperación; constantemente están cambiando para adaptarse a cualquier situación.

La resistencia a los antibióticos, la aparición de diferentes o nuevas especies, las distintas variedades y la constante adaptación, hace a las bacterias enemigos difíciles de vencer.

Dentro de un microsistema como la célula, una bacteria encuentra un universo que puede ser agradable por momentos o convertirse en una amenaza en otros; por ejemplo, cuando está causando una infección severa está en un contexto feliz. Imaginemos, por un instante, a este suceso en el tiempo, y luego pensemos que puede ser al equivalente a varios millones de años nuestros. Esta civilización constituida por billones de microorganismos puede estar satisfecha hasta que otra cosa suceda. Así, imaginemos todos los microuniversos que están funcionando al mismo tiempo en perfecta armonía y donde el hombre solamente piensa que el suyo es el más importante y controlable.

¿Qué pensará un microbio? Estos seres microscópicos están vigilantes de cualquier descuido de los seres “superiores” o, mejor dicho, más complejos y así llevar a cabo su función limpiadora de desechos orgánicos e inorgánicos que son arrojados sobre el planeta, o los productos de los intestinos de los animales, constituyéndose en verdaderas escobas biológicas. Pero, también son amenazantes causando infecciones. Además, si se intenta cambiar su estilo de permanencia dentro de la tierra, se convierten en mortales.

Exdirector de la Escuela de Química Biológica 

de la Universidad de San Carlos y exjefe 

de Laboratorios del IGSS