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17/01/13 - 03:43 Opinión

Menos crímenes, pero más crueles

Las cifras de los asesinatos ocurridos en Guatemala durante el 2012 acusaron una disminución de dos homicidios diarios en promedio respecto del año anterior, pero a causa de la crueldad cada vez peor de estos hechos criminales, la población no percibe mejoras y, lejos de ello, mantiene su convencimiento de que es aún más grave la inseguridad sufrida por la ciudadanía.

EDITORIAL

Ayer ocurrieron dos crímenes absolutamente inhumanos. Dos niñitas de 6 y 12 años fueron encontradas en una calle de la zona 11, aún con sus pijamas puestas, y a dos jóvenes mujeres se les halló muertas, cada una con un tiro en la frente, en las zonas 9 y 13. De esa manera, el número de asesinatos reportados desde el inicio de este 2013 llega a 225, según cifras preliminares, lo cual comprueba que las muertes violentas continúan con toda impunidad, así como los ataques a conductores de autobuses urbanos.

En muchas sociedades se han dado hechos de asesinos en serie, de bandas violentas y de salvajismo como el doloroso caso de las dos niñas, pero en Guatemala la persistencia de la criminalidad ya es una tragedia cuyos alcances, además de provocar luto y dolor, tienen efectos indirectos pero muy reales, sobre todo en la salud emocional de los ciudadanos, lo cual contribuye a aumentar los índices de violencia, en un círculo vicioso causante de una generalizada vergüenza nacional.

La lucha contra estos criminales, si bien es tarea fundamental de las autoridades, necesita como complemento que el sistema judicial funcione de manera correcta. En este momento, la percepción tan justificada de la inefectividad de la justicia guatemalteca se debe a la proliferación exagerada de recursos que, en la práctica, solamente benefician a los criminales, pero también a que, como consecuencia de esto, quien se anima a acusar a los criminales, al quedar estos libres se convierte en blanco fácil de revanchas, muchas veces mortales.

Hay muchas posiciones sobre cómo se debe actuar contra los criminales y delincuentes, y las dos corrientes principales señalan al castigo severo y un esfuerzo de reinserción en la sociedad. A este respecto se debe tomar muy en cuenta la opinión de los ciudadanos integrantes de una sociedad atemorizada, hastiada de la inseguridad, pero también la psicología de los criminales sobre cómo consideran explicable que la población actúe contra ellos cuando se enfrentan a las autoridades, ya sea policiales o judiciales.

La multiplicidad de crímenes monstruosos, como es el caso de las dos niñitas, no puede ser más que el resultado del convencimiento de la impunidad resultante, a pesar de que cada vez aumenten más factores agravantes como la alevosía, la premeditación y la crueldad.

La percepción ciudadana de una mejora, aunque leve, en cuanto a la criminalidad, tiene relación directa con que casos como el que hoy tristemente nos vemos obligados a comentar sean resueltos de manera pronta, al actuar con eficacia las autoridades gubernativas y las judiciales. Mientras ello no ocurra, el miedo seguirá reinando en los ciudadanos.

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