PLUMA INVITADA

Cuotas anticristianas

Eduardo Estrada Revolorio

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“Ya se va diciembre, ya es Año Nuevo, paz y bendiciones…” es el inicio de una canción popular que anuncia el fin de un año y el principio de otro, en cuya letra se advierte la nostalgia del ciclo que se va y la esperanza puesta en el año venidero.

Pero, muy lejos de la nostalgia y la esperanza advertidas, para muchísimos padres de familia en este período se acrecienta la preocupación, pues el baby debe iniciar sus estudios. En esta virtud, los padres del menor, después de deliberar han descartado la educación pública, pues aunque en algunos establecimientos sea aceptable, se multiplican los peligros tanto para el retoño como para sus procreadores.

Una vez descartada la educación pública se deciden por un colegio cristiano, pues estiman que por el adjetivo del que hacen gala, no sólo la educación será mejor, sino que habrá cierta consideración en cuanto al monto de la colegiatura. Luego de algunas averiguaciones, se encuentran que todos, sin excepción, tienen colegiaturas altísimas, solo para que el niño aprenda los colores y socialice con otros infantes. Eso no es todo, hay que pagar una cuota denominada “bono”, tan claro como la colegiatura, y tan extraño como su origen y justificación, ante lo cual, los alicaídos padres tienen una sola alternativa: pagar o pagar.

Cuando una institución educativa enuncia su relación con el cristianismo, la deducción lógica es que hará suyas las enseñanzas de Jesucristo, en todos los ámbitos, incluyendo el dinero, y se cree que los propietarios reclamarán una cuota justa, que luego de los gastos y costos que generan, se conformarán con ganar lo menos posible, pero con la satisfacción de servir al prójimo y no aprovecharse de las falencias de la educación pública. Fatal deducción, pues sus cuotas nunca bajan.

Refiriéndose al dinero, en el evangelio de Lucas 12:15, Jesús sentenció: “Mirad y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”. Es evidente que en este texto, Jesús, de ninguna manera prohíbe los negocios, ni mucho menos las ganancias que estos generan, sino la advertencia es de que no prevalezcan en el corazón del hombre las desmedidas ansias por acaparar a los usuarios los mayores réditos posibles, sin tener un ápice de misericordia por quienes con tantos desvelos y sacrificios eligen un colegio cristiano y desisten de un establecimiento público.

Este es un tiempo propicio para reflexionar, pues el siguiente año lectivo aún está lejano, lo cual permite hacer un exhaustivo examen de las finanzas de los colegios cristianos, con el único objetivo de que en el 2016 miles de padres de familia tengan, por lo menos, una buena noticia, y puedan exclamar con inusitada alegría: ¡aunque usted no lo crea…!

Señores propietarios de colegios cristianos, traslado a ustedes esta inquietud que tiene como única finalidad la solidaridad y consideración para con miles de familias guatemaltecas que en ustedes han confiado.

*Abogado y notario, maestro en docencia universitaria.

licenciadoestrada@gmail.com

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