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16/12/12 - 00:00 Opinión

La buena noticia

¿Qué debemos hacer?

La pregunta que sirve de título a esta columna sirvió también de título a un comunicado de la Conferencia Episcopal de Guatemala, publicado hace exactamente un mes el día de hoy. Esa pregunta procede del evangelio

MARIO ALBERTO MOLINA

. Cuenta el evangelista san Lucas que cuando Juan el Bautista predicaba en el desierto de Judea, alguna gente inquieta y deseosa de un futuro más coherente con la voluntad de Dios, se acercaba y le hacía esa pregunta. ¿Qué debemos hacer para acercarnos más a Dios y para que tengamos por tanto una vida más humana? Según cuenta el evangelista, a cada persona, Juan daba una respuesta adecuada para que desempeñara mejor su trabajo a favor de la sociedad. A los publicanos, conocidos por sus prácticas de enriquecimiento ilícito a costa de defraudar a los contribuyentes y al fisco, les decía: “No cobren más de lo establecido”. A los soldados, miembros del ejército romano, y por lo tanto gente acostumbrada a imponerse a los demás para realizar acciones al margen de toda justicia, les decía: “No extorsionen a nadie ni denuncien a nadie falsamente”. Invitaba a todos en general hacia una actitud solidaria: “Quien tenga dos túnicas que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo”.

La situación de fondo que motivaba el comunicado de los obispos de Guatemala es el clima de conflictividad que vive el país, que tiene como caldo de cultivo la falta de oportunidades para una vida digna para un segmento inmenso de la población y que se manifiesta en todo tipo de violencia y de miedos, que hacen que todos sintamos, en mayor o menor grado, que la vida y la integridad personal está amenazada.

Es bueno recordar nuevamente dicho comunicado, porque el “ambiente navideño”, fomentado desde la fiebre comercial de la época y los artificios de todo tipo para crear experiencias de fantasía, puede alejarnos del propósito verdadero de la Navidad. La Navidad, más que un tiempo de fantasía y de evasión a un mundo imaginario, tiene que ser un tiempo de reflexión y asunción de los propios compromisos, en la familia, en la empresa y el trabajo, en la comunidad política, en la sociedad. A ello nos motiva la razón de ser de la fiesta, que es la conmemoración del amor de Dios que se manifestó en la decisión de enviar a su Hijo al mundo, para que, al vivir como hombre, pudiera llevarnos a todos a una vida plena, a la salvación.

Los obispos hacíamos un llamado a la conversión, dirigido tanto a las personas que forman los órganos del Estado como a las que son miembros de instituciones públicas no estatales, tales como los partidos políticos, las empresas, las organizaciones sociales, y a los ciudadanos en general. No solo hay que abandonar las acciones delictivas. Hay que ir más allá de la búsqueda del interés privado personal, sectorial, partidista o institucional, para actuar tomando también en cuenta el interés de todos, el interés del país. Ese es el hilo conductor del comunicado: la búsqueda del bien común por todos y en todo es lo que nos permitirá alcanzar una sociedad con una impronta más divina, y por lo tanto más humana.

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