
El sensible fallecimiento del doctor Manuel F. Ayau Cordón permite realizar un muy merecido reconocimiento a una vida dedicada a la educación, a la academia, a la política y a la filosofía de vida, que escogió enmarcar dentro del liberalismo económico clásico y de su defensa de la libertad del ser humano, actitud que en nuestro medio es sobresaliente, por haberla sostenido en esos campos a través de la cátedra universitaria y, por los últimos 25 años, en su columna semanal que se publicó en Prensa Libre hasta hace muy pocas semanas, cuando se lo impidió su declinante estado de salud.
El doctor Ayau supo ganarse el respeto no solamente de quienes aceptaron como propias las ideas que él defendía, sino también de muchos que no pensaban como él o no les agradaba su vehemencia en la defensa de la manera en que pensaba. Pero aun ellos reconocían que durante toda su vida pensó de manera similar y que el desarrollo de su pensamiento fue con base en los mismos principios.
Diversas entidades internacionales importantes lo acogieron en su seno. De ellas, la más sobresaliente fue la Sociedad Internacional Mont Pelerin, a la cual pertenecen varios premios Nobel de Economía, y que presidió, así como dos doctorados honoris causa de prestigiosas universidades internacionales. En la política, participó como candidato presidencial y vicepresidencial, y en los últimos dos años inspiró el movimiento Pro Reforma, con el objetivo de cambiar la Constitución Política de Guatemala, en forma que despertó tanto adhesiones como críticas. Fue un experimento que luego no tuvo éxito en el Congreso.
A nadie debe extrañar que Manuel F. Ayau despertara emociones fuertes a causa de sus ideas, con las cuales se podría estar de acuerdo o en desacuerdo parcial o total. Pero sin duda se puede decir de él que trató de influir y de beneficiar a su país de la manera que consideraba la mejor. Será la historia la encargada de hacer un juicio balanceado sobre los efectos que para Guatemala ha tenido la corriente de pensamiento que él defendía. Se le puede calificar adecuadamente como un idealista, en el sentido de confiar, tal vez en demasía, en la aplicación en la realidad de sus teorías.
Una de sus características más notables era la capacidad de explicar su pensamiento con palabras sencillas, con frases ingeniosas, todas ellas expresadas en el marco de la cordialidad y de las buenas maneras. No se puede negar que el doctor Manuel F. Ayau deja un legado de pensamiento liberal en Guatemala, gracias al cual la realidad nacional y la forma de solucionar sus problemas son analizadas de esa manera por un segmento importante de la población, sobre todo la que tiene alguna relación con las élites económicas, políticas y sociales del país.
El doctor Ayau también es un ejemplo del hombre consistente en sus creencias, lo cual se relaciona de manera directa con la ética. No tuvo bandazos ni realizó malabarismos ideológicos o económicos. En ese sentido también es un ejemplo en un país donde ese factor brilla por su ausencia. Todos esos aspectos hacen que Guatemala lamente su pérdida.
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