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04/06/13 - 00:00 Opinión

De mis notas

El deporte 800 millones después

El impactante reportaje de Fernando López y Eddy Recinos publicado por Prensa Libre el domingo pasado —con fotos que dan lástima y hieren el sentido común y atropellan la carencia deportiva de decenas de miles de niños y jóvenes guatemaltecos— habla más que mil palabras.

ALFRED KALTSCHMITT

800 millones de quetzales anuales “después” es el resultado expresado en fotos. Esos son los indicadores de éxito: Una multimillonaria red de valiosa infraestructura a nivel nacional, pagada por los impuestos de los contribuyentes, nadando en el olvido, la dejadez y la basura, porque los encargados no tienen un plan; porque los encargados andan perdidos entre los laberintos de la dejadez de una burocracia inservible y la carencia de un plan integral para mantenerlas funcionales y al servicio de una juventud que literalmente “se muere” por tener acceso a las mismas.

No puede haber lógica alguna con semejante despilfarro. Ochocientos millones de quetzales al año es una suma astronómicamente alta muy apreciable en un país de vacas flacas para un resultado neto tan magro: piscinas shucas, canchas deportivas en total deterioro, complejos deportivos en Quetzaltenango, Escuintla y Alta Verapaz en tal abandono que han logrado tener más poder de convocatoria con los sapos, culebras y zancudos que en ellas se incuban, que en atraer niños y jóvenes de ambos sexos a hacer deporte.

Nadie hablaría de la rentabilidad social de ese tres por ciento tomado anual y obligatoriamente del Presupuesto General de la Nación para el Deporte, si por lo menos la infraestructura con que cuenta la Confederación Deportiva Autónoma Guatemalteca estuviese funcionando al cien por ciento. Según el reportaje de Prensa Libre, el 84 por ciento de las instalaciones necesitan trabajos de reparación en techos, servicios sanitarios, paredes y alcantarillado. Están en ruinas, pues.

Saúl Medrano, encargado de infraestructura de la CDAG, confiesa en el reportaje de marras que de los 500 mil atletas federados estimados que deberían contar, solo logran convocar a 20 mil. No se necesita ser adivino para inferir las causas.

Pero hay que analizar la distribución de esos Q800 millones: la CDAG, Q324 millones; Q80 millones para el Comité Olímpico; Q202 millones para el Ministerio de Cultura y Deportes, e igual suma para la Dirección General de Educación Cívica.

Con alguna demostración de valentía y transparencia, el presidente de la CDAG, Eduardo Aguirre, dio a conocer la última evaluación de esa institución autónoma reconociendo los problemas y la carencia de un plan integral que señale la política integral que debería guiar a todas las instituciones involucradas en el Consejo Nacional del Deporte (Conader). Indicó también que se requieren Q30 millones anuales adicionales para levantarlas y darles ese mantenimiento necesario.

Pero en estos momentos la solicitud de más plata tiene que salir de esos Q800 millones que reciben anualmente. Y es en esa pelea de gallos entre instituciones del deporte que tiene que salir esa inversión. Una cosa debería preocuparles: los ojos están puestos sobre ellos; las exigencias técnicas contenidas en un plan por desarrollar y el cumplimiento del mismo, son los indicadores de éxito con los cuales serán medidos.

La relación comprobada entre juventud sana con alternativas a la calle y su vinculación con las maras es incuestionable. Pero esa es solo una de las tantas aristas del papel que juega el deporte en el desarrollo integral de la juventud.

Los Juegos Centroamericanos y sus dos mil millones de inversión requeridos deben ir muy atrás, no antes, de poner en limpio el deporte en Guatemala. Como se lee en los titulares del reportaje de marras de Prensa Libre: “Es un drama: Y los atletas están afectados por el abandono en escenarios. El país cuenta con gran numero de instalaciones deportivas, pero la mayoría se encuentra en malas condiciones”.

¿Qué viene primero? ¿El burro o la carreta...?

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