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06/02/13 - 00:00 Opinión

CATALEJO

El desprestigio actual del Congreso

LOS CIUDADANOS DE muchos países tienen una idea muy pobre de los parlamentos, y señalar eso no constituye ninguna novedad. Los diputados, senadores y congresistas son por lo general personas no bien vistas en la sociedad, y el desprestigio y rechazo en algunas ocasiones se deriva de hechos y de decisiones inaceptables o incomprensibles para la ciudadanía. Las alianzas, los cambios de bandería política, las prácticas de abandono del hemiciclo con el objeto de romper los quórums necesarios para la discusión parlamentaria,

MARIO ANTONIO SANDOVAL

son vistos por los políticos como herramientas válidas. Y pueden serlo, de hecho. Pero cuando son el resultado de una estrategia para chantajearse mutuamente, se convierten en causa fundamental del desprestigio.

EN EL CASO DE Guatemala, el desprestigio del Organismo Legislativo se debe a razones muy claras y reconocibles. Por un lado, la escasa preparación de quienes son propuestos por los autocalificados como partidos políticos, unas organizaciones clientelares nacidas con el objetivo de llevar a alguien a la presidencia de la República, práctica repetida en numerosas ocasiones. Debido a ello, al cumplir con esa única meta, desaparecen. Y quienes habían sido bienvenidos al partido exoficial, por decirlo así, buscan acomodo en otras organizaciones similares en su falta de ideología, de organización, de cuadros propios, en un largo etcétera, y se mantienen allí incrustados y muchas veces dispuestos a vender su voto, en sentidos figurado y literal.

OTRO FACTOR FUNDAmental para el desprestigio del Congreso lo constituyen las pocas condiciones necesarias para fundar los partidos. Una de las peores equivocaciones de 1984, cuando fue redactada la primera versión del actual texto constitucional, fue considerar favorable a la democracia permitir la proliferación de agrupaciones. Todo lo contrario: favoreció la creación de grupúsculos caudillocéntricos, y el sistema de elección por planilla, no por persona, facilitó no solo el transfuguismo, sino el desconocimiento de la población con las personas por quienes vota, y al mismo tiempo el desinterés de quienes son electos por participar activamente en los problemas del área a la cual representan, en muchos casos sin haber vivido nunca allí.

DESDE EL CUATRIENIO pasado, las interpelaciones terminaron de dejar de ser un arma para poner orden cuando los cuadros oficialistas no funcionan a cabalidad, y se convirtieron en sainetes, en espectáculos circenses donde abundan los actos vergonzosos. El resultado es el desprestigio de la actividad parlamentaria, convertida y percibida por la población como una manera de impedir el funcionamiento gubernativo. El Partido Patriota actuó así cuando era oposición, y ahora, al ser el partido oficial, sufre los efectos de una actitud susceptible de ser calificada como una venganza de los personajes lideristas. No se puede olvidar la cercanía existente entre la Unidad Nacional de la Esperanza y el Partido Líder, hoy suspendida pero no muerta.

A LOS OJOS DE LOS PAÍSES amigos y de las instituciones internacionales representadas en Guatemala, la actitud de los opositores en este Congreso es un hecho difícil de creer. Su preocupación los hace actuar como lo hizo la embajadora de la Unión Europea, Stella Servoudaki, en su reunión con el presidente del Congreso, Pedro Muadi, y el diputado liderista Roberto Villate, al invitarlos a darse la mano para desbloquear la agenda legislativa. El Acuerdo de Libre Asociación con Europa se encuentra en riesgo a causa de la virtual paralización del parlamento debido a las siete interpelaciones exigidas por el más grande partido opositor, o al menos quien más ha participado en adquirir o en convencer y, en general, en fomentar el transfuguismo para hinchar sus filas partidistas y apostar a la incapacidad intelectual de los votantes.

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