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30/11/11 - 02:14 Opinión

En el día dedicado a los periodistas

Con motivo de celebrarse hoy en Guatemala el Día del Periodista, nos parece justo y conveniente hacer reflexiones ante el pasado, el presente y el futuro de quienes han decidido como profesión dedicarse a informar y orientar a los guatemaltecos. El camino del periodista guatemalteco ha estado lleno de riesgos y vicisitudes, y por eso es justo recordar a quienes ofrendaron su vida, sufrieron secuestros y exilio en las varias etapas de la historia.

EDITORIAL

El periodismo guatemalteco tiene su antepasado en Juan Rodríguez, quien en 1541 relata la destrucción de la actual Ciudad Vieja a causa de la avalancha proveniente del cráter del Volcán de Agua. El 30 de noviembre de 1729 vio la luz el primer periódico, La gazeta de Guatemala. El editor constitucional y El amigo de la patria fueron el campo en el que Pedro Molina y José Cecilio del Valle comentan las ventajas y desventajas de la Independencia.

La Revolución de Octubre tuvo uno de sus detonantes en el asesinato de Alejandro Córdova, director de El imparcial. La larga época del conflicto armado interno significó asesinatos, secuestros, exilios y persecuciones de periodistas, de todas las ideologías, sacrificios que ayudaron a que la actual Ley de Emisión del Pensamiento sea una de las mejores del continente y cuyo fruto más claro son los beneficios que los ciudadanos reciben porque la emisión del pensamiento es un derecho que puede ejercer cualquier persona.

En la actualidad, algunos hablan con ínfulas de agoreros que la tecnología actual hace del periodismo una profesión y una actividad ya obsoleta. Instantáneamente, cualquiera puede enviar información a través de las redes sociales, por ejemplo; sin embargo, a juicio nuestro, esa proliferación de datos, de opiniones y de relatos que abruman a los ciudadanos son la razón precisamente de que el periodismo mantenga su importancia y el periodista siga siendo un profesional útil e indispensable para la sociedad de los albores de este siglo.

La labor del periodista se afianza en la explicación de los hechos y sus efectos. Aumenta la responsabilidad profesional y deben afianzarse la corrección, la ética, en una reflexión serena de las consecuencias de la tarea periodística. La geografía ha desaparecido y la comunicación mundial es instantánea, pero tiene el riesgo del anonimato, que desaparece cuando las opiniones e informaciones tienen una firma profesional y están avaladas por la tradición y el nombre de las instituciones periodísticas, que han traspasado el tiempo y las circunstancias más diversas, por lo cual se convierten en una fuente de confianza para el ciudadano, de la que carece la divulgación sin nombres.

Esta necesidad de confianza popular en la calidad de lo que se lee es la razón por la que los periodistas tienen un presente y un largo futuro. Como en todo, la calidad profesional y humana continuará siendo la razón de un mejor trabajo. Hay espacio para que los periodistas participen en el beneficio de la sociedad, como lo han hecho siempre, muchas veces con el costo de su vida.

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