Opinión

EDITORIAL

Diputados vuelven a viejos vicios

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El Congreso ha entrado en una nueva etapa de pugnas de poder, consistente en un pulso por cortejar a diputados impresentables, que tal vez representan votos en el hemiciclo pero también un serio desgaste, al arrastrar el impopular estigma del transfuguismo.

No se había instalado la actual legislatura y ya había congresistas buscando al mejor postor, en una actitud francamente intolerable, que deberá ser corregida en la Ley Electoral y que se buscó frenar con las reformas a la normativa orgánica del Legislativo, aún en espera de vigencia.

Ese espacio ha permitido que la bancada FCN-Nación se quitara la máscara electoral, pues para compensar su limitada presencia en el Parlamento se dio a la tarea, no de buscar el apoyo de la población ni de cabildear una agenda de cambio, sino que recurrió a la vieja artimaña de aumentar su número de diputados por medio de negociaciones oscuras y chanchulleras.

Cabe recordar que tras haber ganado las elecciones, los oficialistas no tenían la más mínima idea de cómo negociar un presupuesto, pero sí una agenda que ahora se empieza a conocer y provoca división en el Congreso.

Tampoco han tenido empacho en reconocer que optarán por esa vía para tratar de hacerse oír, aunque si hubieran tenido una propuesta seria, coherente y viable, habrían podido contar con el aval ciudadano y no hubieran tenido necesidad de grotescas componendas que de hecho destruyeron su manido eslogan electoral, de escasísima vida.

La práctica del transfuguismo es vergonzosa para cualquier partido, sea cual sea su excusa, pues los diputados que se suman no tienen mayor vinculación, salvo la búsqueda de conveniencias, a través de obras o cargos desde los que se puede tener influencia.

Sin embargo, en el caso de FCN-Nación es especialmente contradictorio y a la larga contraproducente, pues los votos que recibieron fueron a causa de la clara oferta de luchar por un cambio del actual y corrupto modelo.

En ese mezquino afán, los oficialistas no avanzan solos, pues ahora a esa puja se ha agregado la Unidad Nacional de la Esperanza, que también se ha mostrado interesada y de puertas abiertas para recibir a cualquier otro tránsfuga, con el mismo e igualmente oscuro objetivo de crecer para buscar convertirse en una bancada que por sí sola le pueda doblar el brazo al Ejecutivo.

Ambas agrupaciones pierden la brújula y ponen oídos sordos al clamor ciudadano, que repudia esas prácticas inmorales, sobre todo porque cada uno de esos partidos recibió un claro mensaje en las urnas.

A uno se le benefició con el gobierno central, pero se le puso un contrapeso en el Legislativo; al otro se le negó el acceso a la Presidencia, pero se le dio una bancada representativa.

El mensaje también alcanza al presidente Morales, quien debe distanciarse y analizar con serenidad esta situación, y aprovechar la oportunidad para redefinir objetivos. Aquí no quedan espacios para la inmoralidad que hoy estremece al Congreso y de la cual no debe ser parte. Por eso las acciones desde el Ejecutivo tienen que ser claras, sin lugar para malas interpretaciones.