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15/04/13 - 00:00 Opinión

DE HISTORIA E HISTORIADORES

El eclipse de la Historia de Guatemala (I)

El historiador español Julián Casanova, en una memorable entrevista que le fue hecha en junio de 2007 en la Universidad de Zaragoza, hizo reflexiones sobre la Historia, los historiadores y los centros de estudios históricos españoles y también sobre alternativas historiográficas válidas para el año 2013 en que nos encontramos. Habló sobre la crisis del oficio de historiador dentro de la sociedad, señalando el papel de la Sociología Histórica y su vinculación con la renovación de la Historia Social.

JULIO CASTELLANOS CAMBRANES

Indudablemente, Casanova es el Ramón Iglesia de nuestro tiempo y los historiadores guatemaltecos debemos leer sus escritos y entrevistas, y darles la máxima importancia. Esta entrevista puede leerse en el número 9 de la Revista de Historia de la Universidad de Valladolid, 2008.

Retomando mis interrumpidas reflexiones en torno a la teoría de la Historia en Ramón Iglesia, expresadas en mi discurso académico del ya lejano VIII Congreso de Historiadores Centroamericanos de la Antigua, de julio de 2006, decía entonces que ese afán de subir escalones sociales de profundo hedor que nos impregna, en una fuga hacia adelante de una vida humilde, ha llevado a muchos a ingresar a la Universidad a hacer estudios humanísticos, entre los que se incluyen los que se imparten en la Escuela de Historia de la USAC. Una escuela en donde, como resultado del énfasis dado a la lectura de La Patria del Criollo, la obra de sociología histórica de Severo Martínez (Editorial Universitaria, Primera Edición 1970), los estudiantes no han podido analizar a profundidad, y con plena libertad de criterio, los efectos contemporáneos de la llamada Revolución del 44. En sus 38 años de existencia, dicho centro académico no ha logrado producir investigadores que nos aclaren a qué se debe que en Guatemala no existen conquistas sociales y políticas, sino un estado de permanente miseria y bajísimo nivel de vida de la población.

El dominio total de la burguesía agraria sobre la vida y voluntad política de los vencidos y sometidos, ha sido posible por contar aquella con el súper poderoso aliado internacional que conocemos y el apoyo incondicional de un ejército de hombres armados hasta los dientes, así como de intelectuales convertidos en fieles guardianes de sus intereses de clase. Los sectores campesinos y urbanos, afectados por el restablecimiento del antiguo poder oligárquico del Estado cafetalero, han logrado conformar organizaciones sindicales de diverso tipo, fundar partidos políticos de corte socialdemócrata y, en dos ocasiones (en la década de 1960 y en la de 1970), organizarse en grupos de orientación marxista que intentaron tomar el poder político por medio de las armas. En sus fallidos intentos de lucha armada involucraron a campesinos indígenas desafectos al sistema de dominación de los finqueros, pero fueron vencidos militarmente, eliminados físicamente, obligados a guardar silencio por medios represivos o a ponerse al servicio del sector dominante. Pésima educación histórica universitaria y mentes compradas con cargos públicos y el soborno que rompe voluntades han hecho posible durante décadas el eclipse de la Historia en Guatemala.

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