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Prensa Libre

03/07/10 - 01:06 Opinión

El ejercicio responsable de la libertad

Creo que uno de los retos más grandes que vive nuestra sociedad hoy viene dado por los riesgos y a la vez las nuevas posibilidades que la juventud encuentra en la definición de sus aspiraciones y de sus modelos de conducta.

GONZALO DE VILLA

Creo que uno de los retos más grandes que vive nuestra sociedad hoy viene dado por los riesgos y a la vez las nuevas posibilidades que la juventud encuentra en la definición de sus aspiraciones y de sus modelos de conducta.

Por muchas generaciones, los jóvenes encontraban en el mundo adulto de su entorno inmediato los referentes necesarios y casi únicos para orientarse en sus expectativas sobre las grandes decisiones de la vida: cuándo casarse, con quién, dónde y cómo trabajar, cómo educar a los hijos que venían al mundo, etc. No todos esos referentes eran necesariamente buenos ni tampoco siempre eran seguidos, pero sí conformaban códigos orientativos que muchas veces tenían fuerza de ley en la comunidad y en la familia.

Hoy nos encontramos en un mundo en que la globalización en sus dimensiones culturales ha roto en gran medida la vigencia y la popularidad de criterios tradicionales, sean estos de carácter religioso o no. Y donde ello se observa más claramente es en relación a los criterios que definen la vida familiar. En Guatemala, por la crónica debilidad del Estado, por la precariedad de las instituciones educativas, la familia ha venido constituyendo no solo el núcleo de transmisión de valores y expectativas, sino también el referente casi único en la conformación de criterios morales.

Sin embargo, uno de los elementos que está en mayor crisis en nuestra sociedad es precisamente la capacidad de las familias para transmitir de manera efectiva normas de conducta que sean aceptables y aceptadas en la siguiente generación. Por supuesto, esta crisis no afecta únicamente a los jóvenes.

Los valores morales han podido ser transmitidos secular o milenariamente envueltos en códigos de tradiciones, en hábitos culturalmente adquiridos o en normas sociales más o menos locales. Las crisis morales provocadas desde la globalización en este sentido a muchos puede causarles temores nostálgicos o inevitablemente débiles resistencias quejumbrosas.

Hay una apología más práctica que teórica hoy sobre la libertad como valor importante. Pero necesitamos profundizar como sociedad en la educación para el ejercicio responsable de la libertad. Creo que, como país, es una buena noticia el que las nuevas generaciones amen más la libertad en el sentido personal que anteriores generaciones. Esa libertad, sin embargo, debe contar con los apoyos necesarios para que sea vivida en el marco de la responsabilidad personal. Aquí es donde fallamos mucho como sociedad en todas las instancias de la vida social.

Para ser libres y para ejercer la libertad de modo humano necesitamos referentes y criterios que enmarquen opciones y estilos de vida. La libertad es un bien precioso que nos ha sido dado y cuyo cultivo requiere de muchos elementos que no nos remiten a entenderla como ruleta rusa. La libertad y la formación para ella constituyen un capítulo fundamental en la educación de la juventud. Pero esa educación pasa no solo por ser transmitida por los adultos, muchas veces maestros poco cualificados al respecto. Requiere del entusiasmo de la juventud y de su participación en el proceso de aprender a ser libremente responsables y responsablemente libres.

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