Opinión

PLUMA INVITADA

El Papa de los pobres

Alfredo Saavedra

Alfredo Saavedra

Previo a su gira por EE. UU., el papa Francisco sostuvo un diálogo por televisión vía satélite, producido por el noticiero 20/20, desde el Vaticano a Los Ángeles, con un grupo de la comunidad hispana, representado por inmigrantes marginados pero en progreso de superar sus dificultades a través de esfuerzos que los han colocado en la categoría de modelos de conducta, entre el rango de los pobres, los perseguidos, los que tienen hambre y sed de justicia, como él lo interpretara.

Desfilaron frente a Francisco, a quien a su turno invocaron como el Santo Padre, varios jóvenes, entre ellos uno recién salido de su condición de homeless (sin hogar); otro que, nacido en EE. UU., de padres inmigrantes, ha conseguido avanzar en estudios superiores pero que, sin un estatus legal, tiene problemas para el progreso en su carrera. También le hablaron niñas de condición económica y salud deficitarias, así como una madre soltera con dos hijas menores y, al final, una monja de reconocida trayectoria en servicio de la comunidad que recibió un elocuente saludo del Pontífice.

Los participantes expusieron su situación hasta el borde de las lágrimas, pero sin ocultar su regocijo por hablar con el Santo Padre, como le llamaron a su turno. Este, con inspirada amabilidad, les respondió con frases de comprensión y evidente sinceridad, estimulando a unos con palabras de aliento y a otros instándolos a superar los problemas con resolución y continuar sus existencias con ánimos de progreso y voluntad de servicio para con los demás.

El Papa de los pobres y de la ecología, en tan poco tiempo de ocupar la más alta jerarquía de la Iglesia Católica se ha distinguido no solo por su magnética personalidad, sino por exponer desde el principio una ferviente preocupación por los problemas sociales, en particular las disparidades económicas de un mundo dividido entre privilegiados y menesterosos. También ha sido de relevancia su activa participación en el debate sobre el cambio de clima, tópico que ocupó un espacio especial en su encíclica Laudato Si (alabado sea), donde describió el continuo daño a la naturaleza como una señal de la crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad.

Ha sido proverbial la modestia del Papa, que impresionó con su humildad desde su llegada al Vaticano, hace apenas 3 años, cuando luego de su investidura caminó hasta el hotel donde dejó recomenda su maleta. Lo mismo quedó perplejo cuando lo llevaron a su recámara y al ver la cama monumental donde durmieron sus antecesores exclamó su desaprobación por ese lujo.

Francisco ejerce además una personalidad carismática y hasta hipnótica para con sus interlocutores, lo cual quedó demostrado cuando recibió al presidente de Cuba, Raúl Castro, quien declaró a la Prensa que había sido de tal manera impresionado por el Papa que estaba contemplando regresar al catolicismo. Es probable que en la visita del Papa a la Isla, Raúl cumpliera con lo que pudo ser una promesa y que a lo mejor se quedó solo en una emocional manifestación de simpatía hacia el Pontífice, a quien como dicen las pancartas de las multitudes que lo saludan en la plaza de San Pedro: “Todos te queremos”.

*Periodista y escritor guatemalteco radicado en Canadá