Opinión

DE MIS NOTAS

El peligro del fanatismo

Alfred Kaltschmitt

Alfred Kaltschmitt

En no pocas épocas de la historia, la barbarie y los actos más repugnantes y abyectos de la humanidad han emanado de supersticiones o creencias de que aquello era directamente ordenado por un ser superior llamado Dios, o cualquiera de los dioses, en minúscula, bajo supuestos de paraísos y poderes eternos. Para mientras se oscurecía la divinidad del hombre hasta convertirla en el verdadero infierno terrenal del que todas las escrituras de todos los tiempos hablan.

Aun al día de hoy cercenan cabezas con una fe inquebrantable de que todo aquello es ordenado por “Dios”. Pocos podemos vislumbrar lo que acontece en aquellas regiones del oriente medio debido a estos fanatismos extremos.

Mujeres, niños, ancianos forzados a un éxodo con inconcebibles sufrimientos humanos. Regiones enteras bajo la bota de una marabunta de enloquecidos aventureros viviendo una pantomima religiosa saturada de crímenes, mientras violan y esclavizan a mujeres y niñas, saquean, destruyen, matan a sangre fría con la conciencia atrofiada y el sentido del bien y el mal obnubilado por la locura rutinaria del día a día repitiendo el nombre de algún Dios esquizofrénico.

Pero lo más sorprendente es que un 20 por ciento de los miembros de ISIS sean jóvenes reclutados de varias partes del mundo, especialmente Europa. En medio de este oscurantismo fanático digno de las épocas cavernarias, subyace una asombrosa plataforma mediática de redes tomando el control de las comunicaciones a nivel global. Transmiten imágenes, capturan la atención mundial con una capacidad asombrosa; gestionan provisiones, compran armas, venden petróleo, motivan y cautivan adeptos dentro de occidente mismo, convirtiéndolos en agentes infiltrados en todos los niveles de la sociedad.

ISIS es una de las organizaciones terroristas mejor financiadas del mundo. Les pagan a sus guerreros hasta US$400 por mes más que todas las organizaciones terroristas vecinas, y en algunos casos financian hasta servidores públicos para mantener las estructuras estatales que les interesa.

Desde que tomaron grandes porciones del territorio de Siria e Iraq a partir del 2013 mantienen un control de entre seis y ocho millones de personas, declarándolo un califato mediante la fuerza bruta de 30 mil militantes.

La venta de petróleo, unos US$2 millones diarios (menguando debido a los bombardeos); los ingresos por secuestros, donaciones de grupos afines y, últimamente, extorsiones de las poblaciones hostiles que dominan, es la sangre financiera que mantiene esta impresionante estructura. Cae de su peso que la única manera de detenerlos es coartando su capacidad de inversión.

Muchos no entienden por qué el presidente Obama le permitió a ISIS crecer tan rápida y libremente hasta convertirse en una fuerza de tal magnitud que hoy amerite intervenciones geopolíticas de mayor complejidad y costo. Aún se recuerda al rey de Jordania salir de Washington con las manos vacías cuando estuvo de visita requiriendo asistencia, repuestos y armamento para detener el avance de ISIS.

Tampoco se entiende el haber intercambiado seis de los más peligrosos terroristas de Guantánamo por un solo soldado americano que a la postre se comprobó era un desertor. Y luego está esa resistencia de Obama de negarse a decir “extremistas islámicos”.

Como dijo recientemente un orador sobre el avance del islam en el mundo: “Cuando te prohíban orar en las escuelas públicas y celebrar Navidad, pero avenidas y calles enteras se paralicen para permitir orar a los musulmanes. Pela el ojo… No es lo que viene, sino lo que ya está aquí”.

alfredkalt@gmail.com