PUNTO DE ENCUENTRO

¿En serio?

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El domingo 26 de julio se publicó en El País de Madrid una columna de Julio Ligorría, embajador de Guatemala en Estados Unidos, titulada: “Otoño o primavera en Guatemala”, en la que el funcionario analiza la actual situación por la que atraviesa nuestro país. En el párrafo final del artículo afirma: “Le tocó a este Gobierno enfrentar el momento de detonación del descontento gestado en los últimos 30 años de gobiernos fallidos, una situación que era inexorable…” O sea, ¿le toca?

Ligorría quiere hacernos pensar que fue exclusivamente la acumulación de frustración la que llevó a la ciudadanía a tomar las calles y movilizarse, algo así como si “el vaso se hubiera rebalsado” y nada más; obviando la enorme responsabilidad que este (des) gobierno y el propio presidente Pérez Molina tienen en todo esto. Por supuesto que la gente está cansada y que aguantar tiene un límite, pero de eso a que era “inexorable” que esto sucediera y que al PP “le tocó” hay un océano de diferencia.

Si la constante de los patriotas no hubiera sido la corrupción descarada, por más cansada que estuviera, la gente no seguiría en las calles pidiendo #RenunciaYa y #JusticiaYa, amén de que se devuelva todo lo robado.

No creo que haya que recordarle a Ligorría que fueron los actos de corrupción de la cúpula del gobierno —del que él forma parte— los que nos llevaron a esta situación. Tampoco creo que necesite que se le haga el listado de funcionarios salpicados por las denuncias de corrupción que han tenido que dejar su cargo o están en prisión enfrentando un proceso judicial. Aunque quizá vale la pena insistir en que no se trata de funcionarios medios ni desconocidos, sino de la propia ex vicepresidenta Baldetti y su secretario privado, Juan Carlos Monzón; del presidente del Seguro Social Juan de Dios Rodríguez —designado y prácticamente impuesto por la fuerza—, del yerno del presidente y su secretario general, Gustavo Martínez, y de Julio Suárez, presidente del Banco de Guatemala; además de dos superintendentes de la SAT y varios ministros, todos nombrados directamente por Pérez, al igual que el señor Ligorría, que no es un diplomático de carrera, sino un embajador político.

No puede una menos que sorprenderse de los dichos de Ligorría, primero porque pareciera que él no tiene absolutamente nada que ver con lo que pasa en Guatemala y no forma parte del círculo cercano de Pérez Molina, y segundo porque no tiene empacho en afirmar que su jefe “se empeña en conducir el barco a buen puerto” cuando la nave patriota está completamente hundida y el máximo responsable de todo lo que sucede es ni más ni menos que el propio presidente.

“La única explicación es que este exmilitar, procurador de los acuerdos de paz convertido en político, tiene una férrea convicción de Estado”, escribe el embajador, y yo complemento: sí, de Estado fallido, corrupto y cooptado.

Quizá algún lector del diario español, que no conoce a fondo lo que ocurre en Guatemala, puede dejarse sorprender por Ligorría, pero a quienes estamos aquí y manifestamos en la calle no nos convence su cinismo. A Pérez Molina “no le tocó” y al que viene #NoLeToca.

ESCRITO POR:

Marielos Monzón

Periodista y comunicadora social. Conductora de radio y televisión. Coordinadora general de los Ciclos de Actualización para Periodistas (CAP). Fundadora de la Red Centroamericana de Periodistas e integrante del colectivo No Nos Callarán.