Opinión

EDITORIAL

Esperado resultado sobre el Gobierno

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Las encuestas políticas en países como el nuestro tienen como uno de los factores de mayor importancia indagar sobre la percepción tanto sobre el Gobierno como respecto del presidente, porque no solo es la cabeza más visible, sino existe una inconsciente actitud de darle a esta figura política la calidad de una especie de extraño monarca absoluto que puede ordenar cambios de cualquier clase. Esta forma de pensar no solo se encuentra en los ciudadanos, sino también en las agrupaciones políticas aquí calificadas de partidos y también en los propios aspirantes a encabezar el organismo Ejecutivo.

Por esta causa, las acciones de los presidentes, cuando provocan el rechazo de los ciudadanos, causan colateralmente una disminución —a veces muy marcada— de la figura del mandatario. Debe decirse también que es normal que disminuya el apoyo popular, siempre superior cuando comienza el período presidencial, y baje cuando se entrega el cargo. Esta ha sido una de las causas por las cuales los partidos oficiales en ninguna ocasión han repetido una victoria electoral. Las promesas de campaña, casi siempre rayanas en lo absurdo, no se pueden cumplir y de allí surge el voto de castigo.

En el caso actual, el presidente Pérez Molina fue alcanzado por el remolino causado por el hundimiento de la vicepresidenta Roxana Baldetti. La disminución ya venía marcada, pero llegó a ocupar el mínimo lugar de la historia del país, con un 88% de impopularidad. Sin embargo, llama la atención que el 56% de los encuestados, en promedio, creen que debe permanecer en el puesto, opinión en la cual sin duda influye el corto tiempo que le queda para entregar el cargo en enero próximo.

En cuanto a la percepción de cómo se encuentra el país, de abril de 2012 a abril de 2013, el índice negativo subió de 30 a 58, casi el doble y con promedio de 6 puntos porcentuales por año, pero de abril a julio de este año disminuyó 26, para un promedio mensual de casi 9. Los mismos números para el presidente son 8 puntos menos por año del 2013 a abril pasado, y en los últimos tres meses una disminución de 9 puntos, suficientes para que quede clara la reacción de los guatemaltecos ante la gran cantidad de errores y de decisiones contraproducentes e impopulares.

A pesar de algunas destempladas críticas contra las encuestas como forma válida de conocer el pensamiento de los ciudadanos, lanzadas por personas malintencionadas o desconocedoras, los resultados que se obtienen de ellas son coherentes con la percepción ciudadana. Poco a poco los pobladores van tomando conciencia de la complejidad de estos instrumentos de medición, que tienen la particularidad de presentar números fríos y de señalar lo que ocurre en el momento de las entrevistas, no lo que alguien desee o quiera que pase.

Los números del actual gobierno no sorprenden, porque los errores de todo tipo ocurrieron, en su mayoría, porque no fueron atendidos los criterios serenos de grupos ajenos a la rosca del mando del país. En política no hay penitencia para borrar pecados. Cuando se cometen, entran a la historia y nadie puede borrarlos o alterarlos. Ya vendrán los estudiosos, y quienes fallaron, a conocer las razones de la debacle en la que el Gobierno y el presidente se encuentran ahora.