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Prensa Libre

11/03/13 - 00:00 Opinión

Catalejo

Las fotos como fuente de crítica

UNA FOTOGRAFÍA recoge un instante, por lo general de un sesentavo de segundo, y a veces menos. Sin embargo, tal momento queda plasmado mientras exista una copia, o en el caso de la tecnología actual, mientras haya un registro en alguna computadora. Las fotos tienen una elocuencia mayor a la de las filmaciones, porque estas últimas, al registrar los movimientos de las personas, pueden demostrar las circunstancias previas al momento de comenzar la cámara a trabajar.

MARIO ANTONIO SANDOVAL

 Las fotos graban un instante y lo eternizan. Se pueden ver luego sin límite de tiempo y analizar con libertad, factores como los gestos de quienes son fotografiados —si son personas— y los elementos de ese brevísimo lapso, muchas veces inadvertidos para el fotógrafo.

EL APARECIMIENTO de dos o más personas juntas en una fotografía demuestra algo: estuvieron juntas frente a una cámara, pero no explica las circunstancias de estas reuniones. Son numerosos los casos de gente desconocida entre sí fotografiada, integrando un grupo humano de extraños. En otros casos, se trata de grupos cercanos o de alguna manera relacionados por amistad, lazos de familia, razones de trabajo, de participación en organizaciones como partidos políticos, equipos de futbol, asociaciones religiosas, o de integración de conjuntos estudiantiles, de vecinos, de aficionados a alguna actividad común. Pero pese a ello, la única verdad de una foto de grupo es la de reflejar un momento y por ello no se puede inferir ninguna conclusión.


EN LOS PÁRRAFOS anteriores me he referido a fotos sin alteraciones. En los tiempos actuales, la tecnología permite realizar cambios en las fotos, muy difíciles de detectar para el ojo sin experiencia. Por esa razón, la difusión de fotografías por medio del correo electrónico y las redes sociales cada vez es motivo de una actitud de mayor sospecha por quienes las reciben. Cualquier persona con mediana capacidad tecnológica puede alterar fotos. Estas alteraciones incluyen desde cambiar el color del cielo o de las paredes de una casa, hasta agregar o borrar de la foto de un grupo a alguna persona. En el campo de la política y en países como el nuestro, muy pronto será común esta nueva forma de mentir y de sorprender la buena fe de la gente.

LA PROLIFERACIÓN DE oportunidades para estar expuesto a fotos o para tomarlas ha aumentado exponencialmente a causa de los celulares. Cualquier persona, si lo desea, puede tomar una foto con el celular, pero además enviarla en instantes a las redes sociales y a los correos electrónicos, con lo cual el mundo entero es el lugar a donde pueden ser enviadas. La parte positiva de esta característica es la posibilidad de tomar fotos a pocos segundos de ocurrido un hecho. Por ejemplo, el ataque a las Torres Gemelas de New York fue fotografiado e incluso filmado por cientos de personas. Casi doce años después, son aun mayores las posibilidades de registrar hechos históricos de primer orden y cada ciudadano puede convertirse en periodista.

LOS POLÍTICOS Y DEMÁS personas ahora calificadas de “celebridades” están expuestos a fotos con cualquiera. Quienes lo piden casi siempre son gente sin mala intención, pero hay gente cuya compañía es o puede ser comprometedora y la petición de tomarse la foto es malintencionada. Es un riesgo, porque casi siempre hay sonrisas e incluso abrazos, pero resulta mucho mayor cuando la foto muestra a un solo acompañante. Este detalle dificulta posteriores explicaciones racionales y creíbles de las posibles relaciones de amistad o de otra clase entre las dos personas fotografiadas. En grupo, se reduce ese peligro, pero aun así es infantil olvidarse de la capacidad de las cámaras y los teléfonos como potenciales fuentes de imágenes comprometedoras.

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