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19/11/12 - 00:00 Opinión

CATALEJO

Algunas frases de los obispos

LOS DOCUMENTOS DE LA Conferencia Episcopal de Guatemala tienen como característica constituir un análisis de la realidad nacional, analizada con mayor o menor participación de los criterios eminentemente religiosos. Esto es explicable porque la labor de los jerarcas de la Iglesia Católica es la de presentar líneas de pensamiento algunas veces aceptadas y aceptables, y otras no tanto. La fuerza del catolicismo en ese sentido radica en la posibilidad de aplicar sus criterios en la vida práctica. El último de esos comunicados, presentado la semana pasada,

MARIO ANTONIO SANDOVAL

tiene la particularidad de haberse colocado en una posición de balance no siempre lograda. Muchas de sus frases merecen ser analizadas desde el punto de vista de ser válidas o no.

EN RESUMEN, SE puede uno preguntar si tienen razón las afirmaciones de los obispos. Quiero señalar algunas de ellas, sin o con muy poco comentario, porque a mi juicio obligan a pensar. La primera se refiere al temor de los guatemaltecos de perder la vida, ser asaltados, extorsionados, perder el empleo, ver salirse a sus hijos del buen camino, no tener empleo, perderlo y no poder curarse de una enfermedad. También señalan a “la conflictividad causada por la supuesta legitimidad del crimen pasional, de la venganza de sangre, de la cadena de venganzas y de matar como símbolo de virilidad”, así como de haberse “adulterado tradiciones mayas ancestrales para volverla vengativa, cruel de turba enardecida, y por ello irracional y manipulada.”

SEGÚN LOS OBISPOS, EL Estado no ha orientado la inversión privada al bien común, y en la privatización se ha beneficiado al sector privado, con leyes económicas a favor de la empresa. Es interesante citar “no ha sabido atraer el apoyo de la población para implementar políticas de desarrollo energético y de educativo, y ha gastado el presupuesto en políticas clientelistas”. Y esta otra: “Los intereses partidistas y de sectores son el mayor obstáculo para el desarrollo de la nación”. La actividad política, sin ética, “termina degenerando en una actividad cortoplacista, miope, interesada en combinar beneficios sectorialistas y personales”, con lo cual retratan una realidad evidente en la mayoría de casos, y en otros oculta y embozada.

LA REFERENCIA AL GObierno es fuerte. Le pide disipar las sospechas, y los rumores, de “ser un gobierno militarista e intolerante”, además de ser “proclive a la empresa privada”, “favorecer sus proyectos por encima del bien común” y emplear la fuerza contra cualquier intento de crítica a su gestión”. Al mismo tiempo, los obispos no olvidan a las ONG y a las organizaciones sociales. Las primeras, sobre todo las internacionales, deben tener conciencia “de las situaciones de conflicto que pueden generar sus apoyos cuando no promueven el diálogo entre el gobierno y los grupos sociales”. Y a las segundas, les advierte: “los procedimientos de enfrentamiento violento y desestabilización política son inmorales y no contribuyen al bien común.”

EL DOCUMENTO EPISCOpal tiene balance. Pueden encontrarse señalamientos para todos los sectores y la admonición, la advertencia, del peligro de apostar “a la anarquía, a la ingobernabilidad y a la destrucción del bien común como objetivo de nuestra sociedad. Con esas palabras, los obispos ponen en el tapete de la reflexión personal, grupal, comunitaria y nacional, el papel otorgado a la acción individual y por ello no exenta de egoísmo, con el agravante de llevarla a extremos justificados en una libertad cuyo único límite real es la voluntad de cada quien. Mi sugerencia a los obispos es manifestarse oficial y públicamente con más frecuencia y sobre todo cuando los temas están en ebullición, para de esa manera contribuir a disminuirla.



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