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28/03/13 - 00:00 Opinión

PERSISTENCIA

El general Ríos Montt

Según datos obtenidos de Guatemala breve historia contemporánea, del doctor Jorge Luján Muñoz -editorial Fondo de Cultura Económica-, “el general Ríos había sido candidato presidencial de la DCG (Democracia Cristiana Guatemalteca) en 1974, y se dijo que obtuvo el primer lugar en dichas elecciones. Luego fue por cuatro años agregado militar en Madrid y tras su regreso se había convertido al protestantismo, siendo dirigente de la secta El Verbo; no se encontraba de alta, pero gozaba de prestigio entre los oficiales medios, que lo recordaban en su etapa como director

MARGARITA CARRERA

de la Escuela Politécnica, considerándolo honesto y no comprometido con las situaciones que se deseaba corregir. Aunque no participó en la planificación del golpe (de Estado que se había dado) ni se le había consultado si aceptaría asumir el gobierno, lo llamaron porque estimaron que era la persona adecuada para sacar al país de la encrucijada en que se encontraba y combatir la corrupción. Los golpistas desconocían, aparentemente, su nueva filiación religiosa y su entrega a dicha actividad”.

“Aunque Ríos Montt compartió por unos meses (hasta el 9 de junio) el mando con los otros dos triunviros, fue evidente que él llevaba las riendas del gobierno. Constituyó un gabinete sui géneris”. En esa época se encontraba desvinculado de los medios políticos y profesionales, pero pidió propuestas a instituciones y otros gremios (no a los partidos políticos), los cuales fueron tomados en parte, aunque guardó cargos que le interesaban, sobre todo aquellos que pertenecían a las secretarías privadas y general de la Presidencia, en los que puso a miembros de su nueva iglesia.

Por otro lado, según continúa Jorge Luján, creó un cuerpo de respaldo militar con representantes de las diversas jerarquías que habían sido parte del golpe.

Ya en esa época creía que su ascensión era de origen divino, causa que lo llevó a tomar tal puesto.

Yo recuerdo los domingos por la tarde, cuando salía predicando como un pastor. Usaba el estilo y la retórica de los sermones a través de la cadena nacional de radio y televisión. No te preguntaban qué querías ver u oír, ahí estaba Ríos dando sus sermones dominicales. Era nada menos que la “cadena nacional” de radio y televisión. Daba consejos, regañaba y siempre hablaba de la unión familiar. “Usted, mamá; usted, papá…” Una expresión motivo de burla del pueblo.

No le bastó. En un acto especial, hizo llegar al Teatro Nacional a ministros, viceministros, directores generales, asesores, secretarios y otros más, con el fin de hacerles jurar por Dios y por la patria que cambiarían de actitud.

Leía una página y luego hacía repetir a los asistentes, a coro: “Me comprometo ante Dios y ante la patria a cambiar, y a lograr, a través de todos mis actos, cambiar a Guatemala. Me comprometo a que mis actuaciones estén dentro de la ley…” Y luego surgía el lema: “No robo, no miento, no abuso”. Todos los empleados públicos debían llevar un gafete con tal emblema, portándolo mientras trabajaban. Además, al decir estas palabras adoptó una mano derecha con los dedos pulgar, índice y medio extendidos.

Ante semejante comportamiento, la guerrilla se puso más fuerte. Lo mismo la actitud antiguerrillera, y se ampliaron las Patrullas de Autodefensa Civil. La población masculina de entre 18 y 50 años debía colaborar con el Ejército y creció la lucha en contra de la “delincuencia subversiva”. Corrieron las armas y aquello fue el caos. Se establecieron “polos de desarrollo” y “aldeas modelo”. Se estaba llevando a cabo la “tierra arrasada”. El llamado era “Fusiles y frijoles” y luego “trabajo, techo y tortillas”. Una manera de controlar a la población.

Además estaban los “tribunales de fuero especial”. No se sabía quiénes juzgaban, pero lo hacían y a su manera. Aquello era de lo peor. Me parece que Guatemala vivió una época infernal, como tantas otras.

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