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25/11/12 - 00:06 Opinión

El gran legado de Tasso Hadjidodou

El fallecimiento de Tasso Hadjidodou, ocurrido en las primeras horas de ayer, cierra la puerta de una etapa de mecenazgo cultural sin precedentes en la historia de Guatemala, y abre un gran portón de su legado a prácticamente todo que de alguna manera se relaciona con las manifestaciones artísticas de cultura en la tierra en la que vivió más de 60 años y a la que adoptó con una mezcla de cariño y determinación.

EDITORIAL

Tasso murió de la misma manera como vivió sus largos 91 años, es decir, en forma sencilla, sin aspavientos, dispuesto a servir sin condiciones al arte de Guatemala. Uno de los fundadores del Patronato de Bellas Artes, instituyó el premio anual Opus a un artista nacional. Se le veía en toda clase de actividades socioculturales, a las que siempre llegó en camioneta —dos veces fue asaltado, y salió indemne— y, cuando el paso de los años se lo impidió, en el taxi de un viejo amigo. Con su nombre fue bautizada la pequeña calle de la zona 1, en el Centro Histórico, donde vivió decenios, luego de haber enviudado poco después de llegar a Guatemala y se dedicó a cuidar a su madre.

Entre sus características más conocidas está la de una profunda fe religiosa católica, así como su actitud de aceptación de las personas sin ninguna distinción de tipo ídeológico, político, racial, étnico o personal, lo que le permitía tener amigos en todos los sectores. Probablemente por esa misma causa no quiso ser crítico de arte, sino impulsor y un motor de inspiración y de arrastre de los esfuerzos personales de quienes se aventuraban en el campo artístico. Otra faceta de su personalidad era un sentido del humor muy particular y sobre todo inmediato, producto de jugar con las palabras de la conversación del momento.

Nacido el Lieja, Bélgica, de origen griego, su nombre oficial era Anastasios, pero el que lo identificó siempre fue el de Tasso. Sirvió a Francia por muchos años en el consulado y en la Alianza Francesa, donde implantó la idea de tener “Mesas Ovaladas”, encuentros entre intelectuales y artistas, y en una de ellas surgió la idea de crear el Festival del Centro Histórico, que ya tiene más de 12 ediciones. En una acción sin precedentes, el Instituto de Antropología e Historia lo declaró Patrimonio Cultural Humano del País”. Y lo era, realmente. Guatemala le entregó la Orden del Quetzal.

Otro tema que debe señalarse al indicar el legado de Tasso es la universalización de la cultura, sin ataduras de tipo étnico, religioso, político o de cualquier otro tipo. El arte como manifestación clara e innegable de la mente humana, y por tanto con posibilidades —muchas o pocas— de trascender el paso del tiempo y de ingresar a la Historia para enfrentar su juicio, casi siempre inapelable.

Prensa Libre tuvo el honor de contar a Tasso entre sus columnistas, y por ello de poder difundir el pensamiento de este humanista bautizado por él como Tassoliloquios. Al lamentar su deceso, presentamos nuestras sinceras condolencias al enorme círculo de personas que lo apreciaron por sus enormes cualidades, de las que Guatemala se benefició tanto.

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