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23/08/13 - 00:00 Opinión

PARALELO 30

¿Qué hacer?

Mencioné en esta serie de artículos las experiencias escandinavas de Canadá y Costa Rica, de un modelo que integra el emprendimiento económico con el desarrollo social y ambiental, reduciendo inequidades y mejorando la calidad de vida de los habitantes, integrando la productividad con la sostenibilidad financiera, ecológica, social y humana. La creación de riqueza con la equidad, la empresarialidad con la cohesión social. La lección que se debe aprender es que esos modelos no se basan en dogmas ideológicos, sino en pragmatismo.

SAMUEL PéREZ-ATTIAS

La intervención del Estado es aceptada y promovida porque responde a los intereses de quienes conviven en el país, y puede medirse con indicadores de desarrollo integral más que el exclusivo crecimiento del PIB. Pero también porque la intervención del Estado funciona donde los mercados no.

Sería arrogante atribuirse el título de poseer la solución de los problemas de Guatemala, pero sería moralmente irresponsable no aportar desde este espacio una perspectiva de lo que es posible y necesario hacer para cambiar el statu quo, basándonos en los elementos de juicio que nos ayudan a entender los orígenes de los lamentables indicadores de subdesarrollo humano, ecológico, económico y social del país.

¿Qué hacer? es la pregunta constante. Como ciudadanos de a pie, podemos explorar y definir las herramientas que tenemos accesibles para construir en comunidad un modelo de sociedad distinto al imperante.

La democracia es un vehículo importante y a veces subestimado para realizar los cambios profundos que se demandan. La democracia debiera resolver lo que los mercados no resuelven. La democracia provee de “poder” a la ciudadanía —usted y yo— para decidir, para cambiar el modelo de sociedad prevalente y dibujar un modelo diferente. La democracia permite al ciudadano/a acceder a cuotas de poder, demandar, participar en instituciones que reducen la inequidad y las injusticias que se reproducen en sociedades anárquicas o donde el poder y los recursos son capturados y concentrados.

Más allá del sufragio, las herramientas que tenemos al alcance son muchas: La participación en comités de vecinos y asociaciones con objetivos comunes, la organización comunitaria, la manifestación pública, la expresión individual, los mensajes en medios, la afiliación política, el acceso a comunicación con representantes políticos —diputados/as, alcaldes, gobernadores, secretarios, ministros, hasta el mismo presidente—.

La comunicación libre entre ciudadanos y otros estamentos construyen capital social y pueden iniciar cambios estructurales del modelo social que una persona sola difícilmente puede hacer. Sin contrapesos al poder concentrado, la idea común de resolver el problema individual al emprender una microempresa y paliar el problema microeconómico no resolverá los problemas estructurales del país. Por ejemplo, sin adecuadas instituciones que garanticen la libre competencia, el surgimiento de microempresas amenaza al poder oligopólico que, al concentrar recursos estratégicos, puede impedir su expansión. Rescatar la democracia es un primer paso. (Continuará)

Samperez1@gmail.com

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