SI ME PERMITE

La ingratitud se contagia

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“Los hombres no sola- mente suelen olvidar los beneficios recibidos, sino que llegan a odiar a quienes se los hicieron”. François de La Rochefoucauld

Quisiera invitarlo a ir un paso más allá que la cortesía y los buenos modales. Cuando hablamos de ser agradecidos es mucho más que la frase tan agradable “muchas gracias”, no tanto cuando se dice, sino especialmente cuando se la dicen a uno. Quiero hablar de una actitud reflejada en actitudes que van mucho más allá que las palabras y un estilo de vida, el cual si se lleva correctamente no solo contagia a los que rodean, sino que sana muchas relaciones que aparentemente no tienen remedio por lo deterioradas que han llegado a ser.

Lo ideal es que uno hubiera sido formado en la infancia donde se siembran las normas de vida, los estilos de conducta y la forma de ser para el resto de la vida que tenemos que vivir, porque cuando esta conducta de gratitud se absorbe en los primeros años de la vida y especialmente en el seno del hogar, llega a funcionar sin la necesidad de cuestionamientos y mucho menos de comparaciones innecesarias porque cada uno al fin y al cabo vive su propia vida. Lo importante es que este comportamiento no tiene que ver en cuan pequeña o gran acción seamos agradecidos y simplemente preferimos responder con la simple ingratitud.

Es muy importante observar cuando buscamos personas para formar un equipo y deseamos que sean proactivas y que sepan valorar la productividad y esfuerzo de los que colaboran en el grupo, una de las cosas que primero destaca en estas personas es que saben tomar el tiempo por las cosas de las más mínimas para agradecer y reconocer lo que uno ha hecho y comentarlo con los demás por lo positivo que ha sido. Esa cualidad invita a los que están con él a hacer las cosas de la mejor forma y tratar de complacer, porque saben que serán reconocidos.

Por lo anterior es muy fácil detectar cuán autosuficiente se considera alguien, no simplemente porque no pide que se le ayude o bien se integre en el equipo con él, sino que cuando uno hace algo que se ha pedido, simplemente es informado que ha cumplido con lo que se le pidió, y si hubiere comentarios son cuando alguien no ha logrado cumplir a cabalidad lo indicado.

Debemos aceptar que el ser agradecido no solo es cuestión de toque eminentemente humano y buen gusto, sino va más allá que dar un perfil de madurez cuando la persona ha extirpado cualquier vestigio de ingratitud y siempre reconoce y recuerda cuando se ha hecho algo bien para él. Claro está que cuando debemos ser agradecidos de alguna manera estamos reconociendo que somos deudores para los que han hecho algo para nosotros. Si bien es lógico, no siempre a la gente le gusta recordar que tiene una deuda con alguien que tomó tiempo para hacer algo para él, y si pueden tristemente por ello, expresan sentimientos negativos para que uno siga su camino y evite tener encuentros desagradables.

Cuando estamos viviendo algunas tensiones en la familia u otro círculo social, nos deberíamos de detener y analizar si las expresiones negativas que expresamos no pueden ser para borrar la realidad de que en una mínima manera posiblemente debemos el favor que se nos hizo. Si queremos un presente rodeado de amigos, seamos agradecidos, y si queremos un futuro en donde las personas nos recuerden con respeto y cariño, no nos olvidemos de agradecer por mínimo que sea el detalle.

samuel.berberian@gmail.com

ESCRITO POR:

Samuel Berberián

Doctor en Religiones de la Newport University, California. Fundador del Instituto Federico Crowe. Presidente de Fundación Doulos. Fue decano de la Facultad de Teología de las universidades Mariano Gálvez y Panamericana.