Opinión

Stella Zervoudaki*

La única en la sala

Pluma invitada

Pluma invitada

Cuando mi hija era pequeña me preguntó un día: ¿Por qué la igualdad entre mujeres y hombres sigue siendo un reto tan grande, después de todo, en Europa tenemos igualdad ante la ley y las niñas pueden estudiar? Le expliqué que la igualdad ante la ley no es suficiente y que la mayoría de las veces su propia madre era la única mujer en la sala de reuniones.

Hoy en día las estadísticas siguen siendo alarmantes: 222 millones de mujeres en el mundo no pueden decidir sobre sus derechos y 30% sufren violencia física o sexual. Para hablar de Europa, las mujeres todavía no perciben el mismo salario por el mismo trabajo y solo el 37% del Parlamento Europeo son mujeres.

Esto puede y debe cambiar: Los estudios más recientes demuestran que las sociedades más igualitarias son las más ricas, más seguras y más pacíficas. Se ha comprobado que las empresas que incluyen a tres o más mujeres en sus juntas directivas o en la alta dirección mejoran su rendimiento en al menos 53%, lo cual significa más empleo y más desarrollo. Además, según proyecciones de la Organización Internacional de Trabajo, la participación igualitaria de las mujeres en la economía representará un crecimiento del 26% del PIB mundial para el 2025.

La mujer es importante tanto en lo económico, como para la democracia y la paz. La Declaración de Beijing de 1995 sobre la contribución de estas a una cultura de paz señala que pueden generar enfoques innovadores en la prevención de conflictos, el fomento del diálogo intercultural y reparación de la injusticia socioeconómica.

La resolución histórica 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del 2000, sobre las mujeres y los conflictos bélicos, reconoce que “la paz está intrínsecamente unida a la igualdad entre hombres y mujeres”. Como Theo-Ben Gurirab, presidente del Consejo de Seguridad en ese momento, dijo: si “las mujeres son la mitad de toda comunidad..., ¿no han de ser también la mitad de toda solución?”.

La UE promueve la igualdad entre hombres y mujeres en su territorio y en el resto del mundo. Para la UE, igualdad de género no es solo un deber moral o un tema de justicia social, es una cuestión de desarrollo, paz y seguridad, pues la igualdad y la equidad desalientan la radicalización y fortalecen al Estado. Por ello se han tomado acciones para fortalecer la independencia económica, la igualdad en la toma de decisiones, el derecho a la misma retribución por el mismo trabajo para garantizar la dignidad, integridad, así como el fin de la violencia de género.

¿Qué hace Europa para solucionar estos problemas? Primero: incluye el enfoque de género en todas las políticas públicas. Segundo: promueve medidas específicas para las mujeres, para corregir una desigualdad que data de siglos y reducir las brechas. Tercero: propone una metodología de implementación interinstitucional y monitoreo anual de resultados.

En Guatemala ha habido grandes progresos en el ámbito institucional, en el área de Derecho y en materia de justicia, como la reciente reforma al Art. 81 del Código Civil, que incrementa y equipara la edad mínima para contraer matrimonio. Ahora el Congreso discute reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, otra oportunidad histórica para asegurar que mañana ninguna niña sea la única en la sala.

*Embajadora de la Unión Europea en Guatemala