Opinión

Encrucijada

Lecciones de Aceros

Juan Alberto Fuentes Knight

Juan Alberto Fuentes Knight

El caso de Aceros de Guatemala, que la semana pasada desembolsó impuestos no pagados y multas, permite sacar algunas lecciones sobre la administración tributaria.

En primer lugar, queda demostrado que una buena administración tributaria puede ser mejor que numerosos cambios de leyes para mejorar la recaudación. Ni las mejores reformas tributarias pueden tener un impacto positivo si la administración tributaria no funciona. La reforma tributaria de 2012, sin calificarla, no tenía posibilidades de tener un impacto muy favorable ante una administración tributaria en acelerado deterioro como resultado de una corrupción rampante. Corresponde ahora continuar fortaleciendo a la SAT, para que todos sepamos hasta qué punto una administración tributaria mejorada puede generar más recursos para el fisco, antes de llevar nueva legislación tributaria al Congreso. Negociar un pacto fiscal puede justificarse en el mediano plazo, pero ahora lo más importante es fortalecer a la SAT, algo que nos une y no nos divide.

Segundo, la voluntad política para garantizar una buena administración tributaria puede ser tan importante como cuando se impulsan reformas tributarias que requieren aprobación del Congreso. La investigación de Aceros de Guatemala tomó tiempo (se inició hace más de seis años), pasó por largos procesos judiciales que fueron torpedeados, y solo fructificó con una decidida y coordinada acción de la propia SAT, del Ministerio Público y de la Cicig. El pago se dio solo después de una amenaza de cárcel a un poderoso grupo económico. Eso no es fácil en Guatemala. Requiere valor y apoyo político.

Tercero, corresponderá acudir al MP solo en las últimas etapas de procesos que pongan en evidencia la evasión. Debieran ser más importantes los pasos anteriores, partiendo de una SAT sólida, que previamente pueda realizar investigaciones con independencia, y con acceso ágil a cuentas bancarias y a otras fuentes de información. Llevar a la cárcel es un recurso extremo. Cabrá esperar que la buena información de la SAT, combinada con la posibilidad de cárcel, y asegurando que nadie esté por encima de la ley, motive el pago de impuestos por parte de todos los evasores, grandes y pequeños, antes de tener que recurrir al MP.

Cuarto, el caso Aceros de Guatemala, con un rescate de casi Q800 millones, ilustra la importancia de los grandes contribuyentes. Guatemala es un país con altos grados de concentración del ingreso y de la riqueza. Es lógico que grandes empresas paguen una alta proporción de los impuestos recaudados porque sus ingresos son altos. Es probable que haya otras grandes empresas evasoras. No sabemos cuántas, pero es bien sabido que hay unas que le declaran a la SAT pérdidas año con año, como si fuera posible sobrevivir eternamente sin ganancias. En cambio a los bancos, para obtener préstamos, les informan que tienen ganancias. Con acceso a cuentas bancarias y una unidad de grandes contribuyentes de la SAT fortalecida, será más fácil contar con datos reales de estas empresas.

Finalmente, hay personas que buscan pagar menos impuestos al registrarse en la SAT como empresas, lo cual les permite exagerar sus costos, para pagar menos impuestos. Ello explica que en las estadísticas aparezca como si las empresas pagaran una proporción importante de impuestos sobre la renta, cuando en realidad son personas, pero que si se registraran como personas pagarían más. Es un espejismo estadístico. Un control más efectivo de las personas que se disfrazan como empresas también permitiría reducir la evasión.

fuentesknight@yahoo.com