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07/04/13 - 02:17 Opinión

SI ME PERMITE

Cómo manejar la depresión

“La ausencia de esperanza crea depresión y ansiedad; llegamos a ser víctimas del estrés emocional, y por ello vulnerables a problemas físicos y mentales”. Bruce Larson.

SAMUEL BERBERIáN

Sin pasar por alto el excelente trabajo que hacen los profesionales de la conducta humana en el esfuerzo de ayudar a nuestra gente, y sin caer en generalizaciones que son poco serias, es buena la reflexión para autoevaluarnos, para que podamos ayudarnos a nosotros mismos haciendo una evaluación concienzuda y propositiva.

La realidad es que nadie escoge el medio en el cual tiene que vivir y mucho menos la acumulación de frustraciones que a través de los años hemos logrado tener, pero sí podemos definir qué hacer con ello y cómo desarrollar mecanismos para poder hacer nuestra vida lo más productivo y agradable para no perder la funcionalidad de nuestra individualidad.

La verdad es que quien está sumido en la depresión carece de un panorama en el cual pueda alcanzar sus sueños y también sus deseos. Dicho de otra manera, es un cuadro donde uno puede verse como en un pozo que ni permite tener perspectiva ni claridad. Por la falta de claridad uno está paralizado para avanzar o emprender algo diferente.

Los que convivimos con personas que están atrapadas en realidades como las descritas no es cuestión de confrontarlas y mucho menos de condenarlas, porque actitudes como esas lo que logran es sumirlas más en lo que están y agravan la vivencia. Mejor sería acompañarlas a salir de esa realidad y ofrecer el peregrinaje de acompañamiento para que puedan ver que las cosas pueden cambiar.

El diálogo franco y amigable es un remedio muy eficiente para que la persona primero entienda que no está sola en este proceso y que hay otras realidades que se pueden probar para darse cuenta de que puede mejorar.

El diálogo debe ser algo cuidadosamente planificado, para que en ningún momento lleve a confrontación y mucho menos alguna idea que comunique condenación sino, por el contrario, animar a la persona con herramientas para cultivar la autoestima y dignificación. Aunque no sea de una vez, se puede ir progresando de tal manera que la persona, al probar, empieza a darse cuenta de que lo puede hacer y lo puede hacer sola.

Una vez que se empieza a ver claridad o se sale del “pozo”, se debe ayudar a la persona a analizar, en sus propias palabras y en sus propios parámetros, qué es lo que le lleva a estar en ese estado para que, una vez entendido, pueda evitar el regresar y también comprenda que no vale la pena estar sacrificando la salud y las emociones. Claro está que cada persona, siendo diferente, puede llevar más o menos tiempo en esta etapa y la cual debe desarrollarse con un acompañamiento de perfil amistoso.

Si queremos ser de ayuda a un deprimido, debemos ser pacientes hasta que la persona saboree la claridad y el beneficio de soñar y valorarse como persona útil. Se nos agradecerá eternamente. No sería extraño que una vez superado el estado, el entusiasmo la lleve al otro extremo. Pero es mejor estar en el extremo opuesto y que las fuerzas y capacidad las fuerce a buscar el balance que la misma vida pide.

Todos nosotros, que estamos rodeados por diferentes amigos y seres queridos, seamos elementos positivos e instrumentos que cooperan con necesitados en nuestro derredor. Seguramente nuestra convivencia será sana y gratificante.

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